El imperio de lo desechable


Las mayores economí­as del mundo llaman a nuestros paí­ses «en ví­as de desarrollo», porque nuestra economí­a es débil. Sin embargo, este modelo tiene otros impactos, además de lo económico, que hacen concluir que hay poco desarrollo en áreas fuera de lo económico.

Juan Pablo Ozaeta

El estadounidense Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economí­a caracterizó al modelo de desarrollo neoliberal como uno basado en «la degradación ambiental, una orgí­a de consumo financiado con endeudamiento o la explotación de recursos naturales escasos sin reinvertir las ganancias» (El Periódico 17/08/08).

Esta descripción del modelo que se nos fue impuesto puede ilustrarse de muchas maneras. En esta oportunidad me pareció interesante hablar de un ejemplo muy concreto y muy palpable a la realidad guatemalteca: el crecimiento de la industria de lo desechable.

Las empresas transnacionales, particularmente restaurantes de comida rápida de los «paí­ses desarrollados» han promovido una forma de consumo en nuestra sociedad que ha incrementado la producción de recipientes desechables elaborados con sustancias contaminantes al medio ambiente.

Las entidades internacionales de comercio, han promovido elevar los estándares de calidad de los productos alimenticios que salen a la venta. Las frutas y verduras deben estar empaquetados y las bebidas en latas o plástico.

En Guatemala hemos podido observar como se reduce el consumo en envases de vidrio. En un canal de cable escuché que una fábrica de botellas plásticas de un «paí­s desarrollado» produce 2.5 botellas por segundo, y trabaja las 24 horas del dí­a, por lo cual produce 220 mil botellas diarias.

En todo el paí­s, y principalmente en los puestos populares de comida, se ha sustituido también el uso de posillos de barro o loza, y los platos de vidrio o melamina por el duropor. Cadenas como Wal-Mart, provenientes de nuestro vecino «superdesarrollado» promueve la expansión de su mercado de frutas y hortalizas, lo que implica cambiar los canastos por millones de bolsas plásticas que luego se convierten en toneladas de basura.

Un paí­s como Guatemala, que no puede invertir en el manejo de las cantidades de basura que se producen como consecuencia del modelo de los «desarrollados» y que tiene una población acostumbrada a quemar la basura o tirarla en entornos naturales -con la diferencia que ahora la basura es mucho más contaminante- dan mucho para reflexionar.

Como dice Stiglitz, el modelo que hemos importado es altamente degradante, además de injusto porque promueve un crecimiento económico desigual.

Como dije en columnas pasadas, transformar nuestra sociedad no es posible sólo desde lo polí­tico o económico, podemos revisar también algo tan cotidiano, como es lo que consumimos y cómo lo consumimos, y reflexionar si este nuestro destruye nuestras fuentes de vida.