El horizonte abierto para dos niñas chapinas


Leyendo la noticia del bárbaro que en Orlando, Florida, fue filmado cuando golpeaba a uno de sus hijos adoptivos de origen guatemalteco, se me vino inmediatamente el rostro de dos niñas guatemaltecas a las que acabo de conocer en Pittsburgh. Cecilia y Marí­a son dos niñas chapinas que fueron adoptadas por una amorosa familia de esa ciudad y en su rostro y en sus actitudes se refleja el efecto que ha tenido para ellas la forma en que sus padres adoptivos y sus tres hermanos norteamericanos (hijos naturales de sus padres) las tratan.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Absoluta seguridad en sí­ mismas, confianza y alegrí­a es lo que uno puede ver en esas dos niñas que encontraron un hogar que les ofrece un horizonte abierto. Tras haber tenido tres hijos hombres, esta familia pensó que debí­an prodigar más amor y empezaron los trámites para adoptar a una niña en nuestro paí­s. Sesenta mil dólares les costó concretar su anhelo y así­ fue como un buen dí­a, hace ya algunos años, emprendieron su viaje a Guatemala para recibir a Cecilia. La agencia de adopciones les habí­a ofrecido un álbum fotográfico de las niñas disponibles para que escogieran, pero el padre dijo que no estaba comprando algo en el supermercado sino adquiriendo un hijo y que no querí­a dejarse llevar por rasgos en el rostro.

Tres o cuatro años más tarde, encantados de la experiencia de ir formando a Cecilia, quien se educa en un colegio católico privado de mucho prestigio, pensaron que tení­an tiempo, fuerzas y amor para darle a otra niña y así­ fue como otra vez iniciaron el costoso trámite para regresar a Guatemala y esta vez volvieron a Pittsburgh con Marí­a en brazos. Marí­a es de la edad de mi nieto Ignacio y son amigos muy cercanos, lo que me permitió ver la actitud de esta niña que es dicharachera, alegre y fregona, con la enorme seguridad que da el tener un hogar cariñoso donde no se escatima para ofrecer a los hijos lo mejor posible.

Obviamente en el tema de las adopciones uno siempre encontrará manzanas podridas como este individuo de Florida que ahora está sujeto a proceso por haber golpeado a su hijo adoptivo, nacido en Guatemala. Pero he tenido la experiencia de conocer de cerca varios casos de niños guatemaltecos que viven en Pittsburgh y que asisten a la misma parroquia y al mismo colegio y la verdad es que uno se da cuenta lo que la adopción significó para esos patojos cuyo futuro está cimentado no sólo en la seguridad económica, sino en la actitud paternal de quienes decidieron acogerlos como sus hijos.

Y precisamente porque creo en las bondades de la adopción creo que es necesario preservar a toda costa esa institución que ha sido desvirtuada por algunos que la convirtieron en un negocio en el que literalmente compran a los niños para surtir la demanda. Cecilia y Marí­a, como Erick, patojo adoptado por una eminente cardióloga de esa misma ciudad norteamericana y a quien conocí­ aquí­ en Guatemala cuando vinieron a traerlo y luego he visto en Pittsburgh repetidas veces, son el vivo ejemplo de lo que para esos niños puede significar la adopción para encontrar un hogar en el que reciben de todo pero, especialmente, son objeto de un profundo amor. Gente que ha pagado sin chistar sumas que van de los 25,000 a los 30,000 dólares por cada niño y que los tratan como sus verdaderos y naturales hijos, demuestran la enorme capacidad que tiene el ser humano para dar y estoy seguro que con el paso del tiempo, esos nativos de Guatemala que ya son gringos hechos y derechos, le podrán sacar provecho a ese horizonte abierto.