El hombre que le dio fuerza al azúcar


El doctor Guillermo Arroyave recibe un premio del rey de Tailandia en reconocimiento a su labor en la fortificación del azúcar.

Durante la década de los 60, el doctor Guillermo Arroyave hizo una de las mayores contribuciones para resolver uno de los grandes problemas de salud pública del paí­s: impulsó la fortificación del azúcar con vitamina A.


El doctor Juan Aguilar en compañí­a de Guillermo Arroyave.

Durante esa época, los paí­ses de la región efectuaron una encuesta nutricional, donde se determinó el poco consumo que la población hací­a de la vitamina, la cual ayuda a prevenir la desnutrición y el detrimento de la vista.

Los aportes del doctor Arroyave en el tema no se limitaron sólo en la identificación del problema, la caracterización del azúcar como el vehí­culo adecuado para resolverlo, sino la creación y el desarrollo de la premezcla, para adherir la vitamina al edulcorante.

Visionario

A criterio del doctor Juan Rodolfo Aguilar -actual Secretario de Seguridad Alimentaria y Nutricional-, quien participara en la lucha para la fortificación del azúcar, éste siempre fue un hombre visionario. Aguilar fue alumno de Arroyave.

«Para ese entonces, el doctor de una manera muy visionaria, buscó la forma de llevar la vitamina A, a la población guatemalteca», relató Aguilar.

Mario Castejón, quien conoció el trabajo de Arroyave cuando fue docente en la facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos, refirió que el especialista trató de encontrar un alimento de consumo masivo, «para que la gente de todos los niveles pudiera recibirla sin un gasto extra».

Luego que se identificara al azúcar como un buen vehí­culo, se buscó la forma de mezclarla con la vitamina A, «ese era un problema técnico que el doctor Arroyave sorteó mediante la creación de la llamada premezcla, para adicionársela al azúcar», dijo Aguilar.

El doctor Arroyave preparó la premezcla por medio de la cual las esferas del nutriente se adhirieron a los granos de azúcar, de manera que cuando se unieron ambos sólidos ya no se segregaran. El aditivo que se usó fue aceite de maní­.

Fue uno de los fundadores del Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (Incap) en 1949.

Experimentación y trabajo

Aguilar relató que el proceso de fortificación inició en 1969 luego que se conocieran los resultados de las encuestas sobre nutrición que se elaboraron a inicios de los años 60.

En 1973 comenzó otra fase: la labor de cabildeo con polí­ticos, sociedad civil y azucareros para sensibilizarlos e involucrarlos en el proyecto.

Esto llevó al experto a la preparación de una iniciativa de ley que se presentó en el Congreso en 1973, la cual fue rechazada. La misma pretendí­a que se promulgara la obligatoriedad de la fortificación del azúcar con vitamina A.

«El proyecto no pasó en su tercera lectura. Nos sorprendimos, pero esto nos obligó a afinar mucho más la estrategia y aprovechar una nueva oportunidad al año siguiente».

El 28 de junio de 1974 se publicó en el diario oficial la Ley de Fortificación del Azúcar con vitamina A, Decreto 56-74. Al siguiente año se inició con la fortificación del edulcorante.

Pese a que hubo una etapa en la cual, debido al aumento en los costos de la fortificación el programa se interrumpió, luego se retomó y se continúa hasta la fecha.

«En todo esto el doctor Arroyave fue siempre el lí­der, innovador, pionero; aunque lo apoyamos de una manera muy directa, él siempre fue el lí­der de este esfuerzo», apuntó Aguilar.

Proyección

Al tiempo en que Arroyave lideraba la lucha por la fortificación del azúcar en Guatemala, paí­ses como Honduras, Costa Rica y Panamá, también lograron leyes obligatorias para este objetivo.

En esos Estados se realizó el mismo proceso de sensibilización. El trabajo de Guatemala se proyectó a la región y un poco más, ya que también se efectuaron esfuerzos similares en Bolivia, en paí­ses asiáticos y africanos.

«Esto nos da una idea de la tremenda proyección que tuvo el estudio en Guatemala. En todo esto, el doctor Arroyave fue el pionero e inspirador para el trabajo», consideró Aguilar.

En deuda

Guillermo Arroyave viví­a en San Diego, California, desde 1980, donde impartió cátedras en diversas universidades.

Cuando su esposa se enferma, deciden trasladarse de un apartamento a una residencia y justamente allí­ sufrió una caí­da, donde se lastimó el cráneo, a raí­z de lo cual falleció a los 86 años, el 17 de agosto pasado.

A criterio de Mario Castejón, cuando el experto murió, el Gobierno debió pronunciarse en forma contundente, para reconocer a un hombre de su talla.

«Los hombres somos injustos y se reconocen los méritos del que hace bulla, del que pregona lo que está haciendo y el doctor Arroyave no era de estos hombres», se lamentó Castejón.

APORTES


– Estuvo colaborando en la yodización de la sal, ya que aportó en la búsqueda del tipo de compuesto del yodo más estable para agregar a la sal.

– Micrométodos: introdujo técnicas novedosas en los laboratorios del Incap.

También trabajó en temas relacionados con calorí­as, proteí­nas y micronutrientes.

– Capacitación: «Mucha gente, estudiantes y técnicos de laboratorio pasaron por el Incap, yo me considero entre las personas que nos beneficiamos con las enseñanzas de Guillermo», adujo Aguilar.

RECONOCIMIENTOS


La Orden del Quetzal en 1981

El Premio Conrad J. Elvehjem, del Instituto Americano de Nutrición, en 1983, en reconocimiento a servicios distinguidos en nutrición.

La Orden Rodolfo Robles, del Gobierno de Guatemala, en 1994.