El hombre no es un árbol


Los relatos que escuché de niño sobre las vicisitudes que atravesó aquel inmigrante alemán y su familia en su trayecto y asentamiento en tierras de Alta Verapaz, empezaron a formar en mí­ un interés muy especial y personal, que más adelante, el tema migratorio, se llegarí­a a constituir en una verdadera pasión. Para mi buena suerte, toda la lectura acumulada durante tanto tiempo se vio enriquecida con la práctica, cuando tuve la oportunidad de trabajar por varios años como funcionario consular de mi paí­s, en los Estados Unidos de América.

Guillermo Wilhelm

Hoy, muy alejado de ser aquel niño que en un momento determinado pensó en el abuelo como un Superman, veo que la historia de la humanidad no es otra cosa que la misma de las migraciones. Y resulta así­ de simple, que el hombre no es un árbol, que tiene pies y camina, y que ahora, ante el estimulo que las telecomunicaciones modernas surgen como vitrina incitante y que proyectan ese mundo feliz de los paí­ses desarrollados por la abundancia inagotable, sigue sucumbiendo ante la ilusión y continúa desplazándose en su afán por ser parte de ese entorno. Ahora el debate es si le asiste ese derecho, y las trabas y las nuevas leyes que se vislumbran son para coartar ese desplazamiento. Sin embargo, la desesperación por la supervivencia ante la pobreza y la inseguridad, seguirá actuando como causa principal de esa oleada irrefrenable, además, la ilusión por la tierra prometida, no resulta fácil extirparla del subconsciente.

En los paí­ses receptores de población, los migrantes ya empezaron a ser satanizados, en Estados Unidos por ejemplo, uno de los componentes importantes del proyecto de Ley de Reforma Migratoria, que ya todos sabemos no pasó recientemente en el Senado, pero se espera se consensúe en 2009, es la Ley HR-4437. Esta ley, articulada por otro nieto de inmigrante, James Sensenbrenner, equipara a los inmigrantes con criminales. Qué posiciones tan discordantes. Sensenbrenner, con un sentimiento claramente xenófobo, mezcla y confunde los temas de migración con los de terrorismo. Pues su «hija», la HR-4437, aparte de criminalizar la presencia de todo indocumentado en Estados Unidos, también castiga a cualquier persona que brinde todo tipo de ayuda a los inmigrantes.

A diferencia de lo que muchos piensan, el problema de la xenofobia no se está dando únicamente en Estados Unidos, en España también se han visto situaciones muy difí­ciles para los inmigrantes. Un caso que trascendió, fue el de las duras condiciones de vida de los jornaleros de fresa en la localidad de Huelva, cuando un reportaje los calificó como los nuevos esclavos de este siglo.

Sin embargo, cada vez más seres humanos están dispuestos a arriesgar sus vidas para llegar a un lugar que les ofrezca algo más que la miseria y violencia que tienen aseguradas en paí­ses como el nuestro. Pero a pesar de la esquizofrenia cultural y las apasionadas reacciones que ha despertado el tema migratorio, alrededor de 200 millones de personas viven fuera de sus paí­ses de origen, y el 77% de éstas viven en 28 paí­ses desarrollados. Y es por eso mismo… porque el hombre no es un árbol… porque tiene pies y camina…