En Montgomery, Alabama, en el año de 1951 una mujer negra se opuso a las leyes de segregación racial que en ese entonces estaban vigentes en el transporte público. Este suceso tuvo una repercusión a escala nacional y fue apoyado inmediatamente por el doctor Martin Luther King, uno de los más grandes luchadores por la justicia y los derechos civiles, tanto de las personas negras como de seres humanos discriminados en los Estados Unidos. Sereno y firme en sus decisiones decía siempre a sus seguidores «en donde hallen una cruz, siembren en el mismo agujero, un ramo de rosas.» Martin Luther King, durante la marcha por el trabajo y la libertad, pronunció su célebre discurso «Yo tengo un sueño», el 28 de agosto de 1963. En una de las partes más importantes y más sentidas dice: «Sueño que un día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano. Esta es nuestra esperanza.» Cuarenta años después de la muerte del héroe Martin Luther King, en 1968, ese sueño ha comenzado a hacerse realidad con la multitudinaria elección de Barack Obama, como presidente de los Estados Unidos de América en este año 2008. El nuevo mandatario, por ser afroamericano, se ha convertido en un símbolo particularmente trascendental, pues representa a seres humanos que han sido vejados, segregados y maltratados a lo largo de mucho tiempo. Es realmente un adelanto para la humanidad este suceso pues es necesario cambiar la actitud negativa que se ha tenido hacia los diferentes grupos de personas que existen en el planeta. Todos los seres humanos, como tales, tenemos los mismos derechos; la diversidad de culturas y nacionalidades no debe ser motivo para menospreciar a mujeres y hombres por su idioma, por vestir su traje regional o por el color de su piel, por ejemplo. El respeto, la actitud e inteligencia de cada persona, son la clave para que realmente exista una dinámica de convivencia, armonía y comprensión entre un grupo determinado de ciudadanos. «Un nuevo mundo va viniendo» es el título de una de las piezas musicales del maestro Duke Ellington, quien siempre se preguntaba: «Â¿Por qué juzgar a las personas por su color y no por sus obras?» Esperamos entonces que Barack Obama utilice plenamente ese enorme poder simbólico que posee, cumpliendo sus promesas y estableciendo alianzas con las regiones del mundo donde hay todavía grandes recursos y riquezas naturales y de esta manera favorecer las economías de países donde las personas viven en interminables guerras, conflictos, contaminación, hambre y enfermedades, para que por fin éstas puedan producir y prosperar alcanzando un equilibrio que beneficie al planeta y a los seres humanos que vivimos en él. Martin Luther King dejó un camino para que lo continuaran sus semejantes, y en el transcurso de los años sus logros se han hecho evidentes. En homenaje al trabajo tan significativo que hiciera Martin Luther King para aquellas personas desplazadas, he escrito el poema titulado «Esperanza» que dice lo siguiente: «Donde encuentres una cruz siembra un haz de rosas/ mejor si son blancas como las nubes/ o bermejas como la sangre de tus hermanos muertos./ Donde encuentres una cruz/ ilumina el porvenir con la luz de los cocuyos/ y sumerge en las raíces de los árboles la soledad/ acribillada en hondos gemidos./ Donde encuentres una cruz/ embalsama la mañana de luz y armonía/ glorifica al pájaro silvestre/ el sollozo de los ríos/ el silencio de los mártires./ Donde encuentres una cruz invoca la Esperanza/ hermana del fulgor y del ensueño/ sagrada ilusión del infinito.»