Hoy lunes vemos de manera más calmada a la población, quien después de un año y meses de proselitismo político por parte de los partidos políticos, al fin descansa del bombardeo de ofrecimientos por parte de personas que en el papel de candidatos a puestos de elección popular en su afán de conseguir el voto, llegaron a ofrecer soluciones utópicas.
Por un lado, es visto de buena manera, que la justa final se realizó -por lo menos en el conteo- de forma transparente; es decir, con la seriedad del caso y con la participación directa de los fiscales de los contendientes; ahora no hubo impugnaciones y en términos generales los correligionarios en todo el país aceptaron los resultados finales.
Haciendo el análisis de los resultados numéricos, observamos que el gran ganador fue: el abstencionismo, porque en términos generales el destino del país lo eligió un poco menos que el cincuenta por ciento de la población votante. De esa forma, corresponde desde ya, a los políticos, a los visionarios de los movimientos sociales, tomar las medidas correspondientes para proporcionar a los electores una verdadera opción política sobre bases científicas y no el mercadeo barato de canciones parodiadas.
La población juvenil guatemalteca es la encargada desde el presente proceso electoral, de tomar la responsabilidad social de la próxima contienda electoral, su participación y estudio de la realidad nacional harán que su conocimiento sea la base para definir las plataformas ideológicas que presenten reformas, mejoras y cambios sustanciales en la sociedad guatemalteca.
Un sector la de población ha visto con agrado que poco a poco han ido desapareciendo del mapa político, las viejas estructuras partidistas ideológicas y sus herederos, quienes gobernaron al país durante varias décadas con los resultados sociales actuales: sigue Guatemala con pobreza, desnutrición, corrupción gubernamental y en términos generales, esperando cambios positivos para su verdadero desarrollo humano.
El abstencionismo, es una muestra de falta de credibilidad en las opciones que se le presentan al elector, porque no contienen los elementos de cambio necesarios ni la decisión política por hacerlos; Guatemala, otra vez, ha reflexionado su voto y tomó la decisión de participar en la forma adecuada para manifestar su credibilidad en el sistema electoral.
Es una lástima, que los mismísimos magistrados del Tribunal Supremo Electoral, háyanse prestado al juego político sucio y barato para permitir la participación de candidatos que no llenaron los requisitos legales establecidos por la ley. El pueblo ya los está juzgando y por más acciones que pretendan interponer, el daño está hecho al proceso electoral guatemalteco y a la credibilidad de las instituciones. «Â¿Tu también Brutus?». Es la frase lapidaria.-