GRITí“N: ¡SEí‘ORAS Y SEí‘ORES, NIí‘OS Y NIí‘AS, BIENVENIDOS AL CIRCO MíS ESPECTACULAR DEL MUNDO, DONDE LA ATENCIí“N NUNCA SE PIERDE Y DONDE PROMETEMOS SORPRENDERLO MíS CON CADA ACTO. BIENVENIDOS AL «CIRCO GUATEMALA»! (Con música de circo, empiezan a desfilar los actores de este Gran Circo Guatemala).
mcordero@lahora.com.gt
En menos de un año, nuestras autoridades estatales han demostrado ser más interesantes que la misma farándula mexicana, porque se han visto envueltos en escándalos, pantallas mediáticas, declaraciones (in)oportunas, etc. Sin embargo, poco o nada han hecho por hacer su trabajo para los cuales fueron electos.
No es posible que un magistrado de la Corte Suprema de Justicia haya usado y abusado de los recursos de amparo, precisamente porque el sistema judicial ha adolecido de ese mal. Tampoco es posible que un diputado, dueño de un bus que se accidentó y donde murieron decenas de personas, hayan montado un gran show con un contrato de compraventa falso y que ahora esté tranquilo en su curul, sin siquiera perder el sueño con su proceso de antejuicio.
Y, así, se pueden enumerar todos los espectáculos que ofrecen los funcionarios y figuras públicas que rozan la farándula: Manolito Castillo, los dueños de Bancafé, los involucrados en el escándalo financiero, también los que no están involucrados pero le echan leña al fuego
Y es que nuestros políticos se han tomado muy a pecho la vieja fórmula maquiavélica de dar al pueblo pan y circo, sólo que nuestras autoridades se han olvidado de lo primero.
Umberto Eco decía que la Semiótica era la teoría de la mentira; pero habría que añadir que la política, incluido el rol de los medios de comunicación que se prestan para shows mediáticos, han reinventado la Semiótico pública, como la teoría y práctica de mentir, quedando bien parados, en caballo blanco, en buena posición para las próximas elecciones y, aún, ganando dinero con anuncios.
Por ejemplo, con el escándalo financiero del Congreso, la atención se ha desviado hacia dos o tres personas que no supieron cumplir con las cuotas de poder con sus compañeros, por lo que estos se vieron en la penosa necesidad de «quemarlos» ante el pueblo, olvidando que, tarde o temprano, cualquiera les puede sacar sus trapitos al sol, si sólo hubiera voluntad política.
Además, el escándalo ha servido para que el pueblo de Guatemala no se dé cuenta de que el Congreso no ha trabajado en nada: ni decretos, ni reformas fiscales, ni ley de acceso a la información, ni ley de armas: es decir, NADA. Hemos estado pagando por ocho meses a los «padres de la patria» para que lleguen al hemiciclo y, cruzados de brazos, hagan pucheros al platicar sobre el caso y mover la cabeza de un lado a otro, como si estuvieran desaprobando la actitud.
Otro ejemplo: Manolito Castillo, sonriente, cachetón y gozando de la protección de los agentes policiales que pateaban y golpeaban a los periodistas que osaban acercarse al ex diputado, no parecía ni preocupado por su detención, ya que, de todas formas, no hay pruebas contra él; y mientras las autoridades montan un gran show, el Ministerio Público se esfuerza en demostrar la tesis de que los policías sospechosos de asesinar a los diputados salvadoreños, fueron ultimados por reos mareros, y no por escuadrones de la muerte, para intentar desvincular la vinculación del Estado en el Caso Parlacen. Mientras tanto, Antonio Saca, presidente de El Salvador, echa este pan en su matate, y con ello se intenta impulsar la campaña política del candidato oficialista de ARENA.
No cabe duda que vivimos en un gran circo; mientras tanto, el pueblo de Guatemala, que traga fuego en cada semáforo o hace malabares en parques para ganar algunas monedas, o hacen actos de desaparición en los buses, o, al menos, hace actos de faquir al aguantar hambre; sigue sin conocer la verdad y las soluciones, porque el circo de la vida sigue igual para nosotros. (http://diarioparanoico.blogspot.com)