A lo largo de los últimos meses señalamos el poco edificante papel que estaba jugando el candidato republicano John McCain tras haber caído en las garras de Karl Rove y compañía, maestros de las campañas sucias. Sin embargo, el verdadero McCain, el héroe admirado por muchos políticos debido a su franqueza y honestidad, volvió a aparecer anoche en Arizona, cuando en una forma extraordinaria reconoció el triunfo de su rival y llamó al país a la unidad.
El lema de su campaña era «El país primero», pero durante meses se fue apartando del eslogan porque antepuso la ambición al país y llegó un momento en el que sembró la división entre los norteamericanos y el odio como producto de la forma en que permitió que se desarrollara la contienda, especialmente al haberle dado alas a su candidata vicepresidencial que se comportó como un perro de caza con la intención de asfaltar su futura carrera política.
Cuando McCain empezó a hablar anoche, tras haberse conocido los resultados cruciales que daban a Obama el triunfo, el público reaccionó en forma virulenta rechazando sus primeras palabras de admiración para el rival. Pero supo ejercer su liderazgo y se impuso a la masa vociferante poniendo, entonces sí, al país primero para ofrecer su cooperación al nuevo gobierno en el esfuerzo sobrehumano que deberá realizar para enderezar los entuertos que deja el señor Bush tras ocho años de un desastroso ejercicio de la presidencia del país más poderoso de la Tierra.
Cierto que el mandato ha resultado contundente porque más allá del evidente voto de castigo para los republicanos, hay que decir que Barack Obama logró despertar la ilusión y la esperanza en un pueblo deprimido por la realidad económica. La misma elección de Obama es una prueba de que el sueño americano está aún allí, vivo y con fuerza, ofreciendo oportunidades a quien se propone hacer las cosas.
En el tema migratorio, crucial para nosotros, el trabajo conjunto de Obama y McCain puede ser decisivo aun entendiendo que la crisis hará más duras las oposiciones a una coherente política de migración. Y al tender puentes de entendimiento y cooperación, el candidato republicano asume un compromiso importante porque aunque su partido quedó diezmado y con minoría en el Congreso, podrá de todos modos ayudar a reparar los daños causados por lo que ya se conoce como el legado de Bush que se traduce en crisis económica, aislamiento internacional y pérdida del liderazgo de la gran potencia.