El G20 que agrupa a países avanzados y en desarrollo abrió este viernes el debate sobre la «guerra de las monedas» provocada por los desequilibrios del crecimiento mundial, uno de los temas que monopoliza la atención en la reunión semestral del FMI.

La sustancial diferencia de crecimiento entre Estados Unidos, la Unión Europea y Japón por un lado, y Asia y América Latina por otro, está provocando un auténtico alud de inversión financiera hacia los países emergentes.
Sus monedas se están apreciando de manera galopante, excepto en los casos como China o Corea del Sur en los cuales los gobiernos mantienen un férreo control del cambio.
Países como Brasil, cuyo real flota libremente y se apreció más de un 35% desde 2009 respecto al dólar, están siendo penalizados por esa situación, lo que llevó a su ministro de Finanzas, Guido Mantega, a acuñar la expresión «guerra de monedas».
Los países del G20 iniciaron el debate interno con un desayuno de trabajo dentro de la asamblea del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM).
Hay pocas esperanzas de un acuerdo, según reconocieron ministros y responsables del Fondo, por la complejidad del debate.
El principal acusado es China, debido al nivel de su yuan, que se ha ido apreciando respecto al dólar, pero de forma lenta y controlada siempre por su gobierno.
Pero las acusaciones también se cruzan entre Estados Unidos y la UE, con un euro que está de nuevo subiendo imparablemente respecto al dólar, y entre los propios países emergentes, como Brasil respecto a China, y otros respecto a Corea del Sur.
«Es un tema que no se va a resolver en cinco minutos, es un problema de largo plazo», advirtió el jueves el director general del Fondo, Dominique Strauss-Kahn.
«Hay que hacer progresos. Está claro que se puede hacer más de lo que hemos logrado hasta ahora», añadió.
América Latina podría crecer un 5,7% en 2010, casi un punto porcentual respecto a las previsiones anteriores del Fondo.
Toda una diferencia respecto a las previsiones de 2,6% de crecimiento para Estados Unidos y 1,7% para la zona euro.
Eso provoca un gran desplazamiento de inversión hacia los países como Brasil, que además han demostrado una gestión macroeconómica considerada «ejemplar» por el Fondo.
La devaluación artificial o no de una moneda favorece un alza de las exportaciones de ese país.
«Si dejamos que la situación se deslice hacia un conflicto o formas de proteccionismo, corremos el riesgo de repetir los errores de los años 1930», tras la última gran crisis financiera, advirtió el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.
El debate sobre la «guerra de las monedas» ilustra además el forcejeo interno en el FMI sobre el peso de los respectivos países.
El Fondo arrastra desde hace dos años una reforma interna que debe otorgar más poder a los países emergentes, con un mínimo del 5% de redistribución de las cuotas internas.
Los europeos están sobre representados en el consejo de administración del Fondo, y deben acordar entre ellos cómo repartir los escaños.
Ese debate debe cerrarse de aquí al mes de enero, en principio.
El G20 también tiene una cumbre prevista el mes que viene en Corea del Sur.