Los ministros de Finanzas y los gobernadores de Bancos Centrales de los países del G20, desarrollados y emergentes, se reúnen hoy en Sao Paulo (Brasil) para preparar su próxima cumbre de Washington, en la que el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, tiene intenciones de reactivar la economía de su país.
En Estados Unidos, un portavoz de Obama precisó que el presidente electo no participaría en la cumbre de Washington, en la que los europeos intentan presionar a las autoridades norteamericanas para que acepten una mayor regulación financiera.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva abrirá hoy las sesiones oficiales que reunirán a los ministros de Finanzas y gobernadores de Bancos Centrales de los países del G20, así como a los dirigentes del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo.
Los participantes difundirán un comunicado final mañana.
Presidido por Brasil, el G20 concentra el 85% del PIB del planeta y dos tercios de su población.
También reúne a las siete economías más desarrolladas (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Gran Bretaña) además de los principales países emergentes (Sudáfrica, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Rusia y Turquía).
La reunión se consagrará por completo a la preparación de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno del G20 que se celebrará en Washington el 15 de noviembre, convocada por el presidente norteamericano George W. Bush, presionado por los europeos en plena tormenta financiera.
Durante las discusiones de ayer en Sao Paulo, el grupo llamado BRIC (Brasil, Rusia, India, China) llegó «a la conclusión de que debía haber una reorganización del sistema financiero mundial», declaró el ministro brasileño de Economía Guido Mantega.
Concretamente, considera que la necesidad de tener en cuenta el peso de los países emergentes ha sobrepasado al sistema establecido por los acuerdos de Bretton Woods en 1944.
Todo el planeta sufrirá las consecuencias de la recesión provocada por la crisis financiera que nació en Estados Unidos: el crecimiento mundial se reducirá a un ínfimo 2,2% en 2009, frente al 3,7% de 2008, según el FMI.
Los dirigentes europeos, reunidos en una cumbre ayer en Bruselas, han presionado a Estados Unidos pidiendo ver resultados desde principios de 2009, justo después de la toma de posesión del cargo por Barack Obama.
«Pedimos que se nos escuche en seguida», declaró el presidente francés Nicolas Sarkozy, que preside la Unión Europea (UE). «No voy a participar en una cumbre de trivialidades, los europeos no se contentarán con cuatro principios vagos», añadió.
También aseguró que Europa tenía «una posición común bastante detallada» con vistas a la cumbre y que sus dirigentes estaban «todos de acuerdo con la necesidad absoluta de una coordinación de las políticas económicas» para hacer frente a la crisis.
España, octava economía mundial, también participará en la cumbre de Washington gracias a que Francia le cedió una de las dos plazas de las que disponía por ejercer la presidencia de turno de la UE.
En su primera conferencia de prensa desde su elección el pasado martes, Obama dio ayer en Chicago (norte de Estados Unidos) la esperanza de que el Congreso adoptaría, lo antes posible, un plan de relanzamiento de la economía.
De no ser así, anunció que «la primera medida» que tomaría como presidente sería la de poner en marcha ese plan.
«Necesitamos un plan para salvar a la clase media», dijo, y añadió que «otra cosa que urge es la extensión del seguro de desempleo para los trabajadores que no pueden encontrar trabajo con la economía tan debilitada».
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó este sábado, al abrir la reunión ministerial del G20 financiero, que es necesario «construir una nueva arquitectura financiera mundial» para evitar los efectos de la crisis y restablecer el orden en las finanzas.
«Esta es una crisis global y exige soluciones globales. Es el momento de formular propuestas para un cambio sustantivo en la arquitectura financiera mundial», expresó el mandatario.
«Precisamos de una nueva gobernanza, más abierta y participativa», dijo Lula, para señalar que «es hora de un pacto entre gobiernos para una nueva arquitectura financiera mundial, capaz de promover seguridad y desarrollo en bases equitativas para todos».
En un enérgico discurso, el presidente brasileño apuntó que «el desorden que se instaló en las finanzas internacionales en los últimos años amenaza el funcionamiento de la economía real» y acotó que «el precio de esa irresponsabilidad se puede medir de varias formas».
Para Brasil, acotó, «lo que importa es la amenaza de una recesión generalizada, que genere la pérdida de millones de empleos».
Lula señaló que «miles de millones de seres humanos esperan que estemos a la altura de los desafíos que la realidad nos colocó por delante. No podemos, no debemos, y no tenemos el derecho de fallar».
En la visión de Lula, el sistema financiero «cayó como un castillo de naipes, y con él se vino abajo la fé dogmática en el principio de la no intervención del Estado en la economía. Muchos de los que abominaban el papel del estado en la economía pasaron a pedir desesperadamente su ayuda».
La crisis financiera, dijo Lula, «es consecuencia de la creencia ciega en la capacidad de la autoregulación de los mercados», para agregar que «durante años los especuladores tuvieron lucros excesivos invirtiendo dinero que no tenían y ahora todos estamos pagando por esa aventura».
Lula reiteró su llamado a que los líderes mundiales asuman políticamente el papel de restaurar el orden. «Cabe a los líderes (…) no dejar que nos contaminemos por el miedo», dijo.
El presidente brasileño destacó también el papel de las economías emergentes en la búsqueda de salidas a la crisis financiera global.
«El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que las economías emergentes fueron responsables por 75% del crecimiento de la economía mundial en los últimos años. Esta tendencia se mantendrá en 2009», aseguró.
Esta reunión del G20 se proponer analizar el impacto de la crisis financiera, evaluar las posibilidades de una reforma de las instituciones que rigen las finanzas mundiales y preparar la cumbre presidencial del grupo que se celebrará el 15 de noviembre en Washington.