Desde que el precio del petróleo hizo temblar a las más potentes economías del mundo, la ciencia redobló los esfuerzos para encontrar fuentes de energía alternativas que pudieran sustituirle.
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La escalada en el precio del petróleo ha sido uno de los más importantes acontecimientos de la última década. Sus efectos impactaron a las principales potencias económicas del mundo y como consecuencia, a cientos de sus países dependientes.
La presión del precio del petróleo modificó radicalmente la economía y política global. Los gobiernos tuvieron que destinar importantes sumas de capital a proyectos de investigación y buscar nuevas fuentes de energía que les permitieran satisfacer sus necesidades internas.
En algunos casos los proyectos piloto fueron instalados formalmente y en poco tiempo se inició una importante producción de biodiésel para uso comercial e industrial.
En Guatemala la producción de biocombustibles aún se encuentra en la fase experimental. Se está buscando determinar la factibilidad que tendría el inicio de la producción para el uso nacional y posteriormente para su exportación.
En los proyectos de investigación las universidades juegan un papel importante, ya que dentro de las instituciones educativas se están haciendo importantes esfuerzos para desarrollar el potencial energético de las energías renovables.
Judith M. Díaz, directora del Instituto de Investigación y Desarrollo (IID) de la Universidad Galileo, considera que dentro de la formación profesional de las carreras de ingeniería es necesario incluir un programa relacionado con energías renovables, especialmente biodiésel.
«No podemos pensar en un futuro dependiente del petróleo, una fuente de energía que no es renovable, altamente contaminante y debido a su concentración geológica, ha sido el objeto de enfrentamientos entre varios países», argumenta Díaz.
En el campus central de la Universidad Galileo se llevan a cabo diversos programas para el desarrollo de energías renovables. Uno de ellos es el de energía eólica, proyecto que se encuentra a cargo del arquitecto Hugo Donis.
A criterio de Donis, la fuerza del viento y los rayos solares son los medios más ecológicos y factibles para la generación de energéticos, ya que no se requiere de insumos o materias primas costosas. Sin embargo, la incipiente tecnología se convierte en un tropiezo que no permite competir en el mercado energético nacional.
Dentro de los proyectos que tiene programado el ICC se encuentra la adaptación de paneles solares a la cafetería de la Galileo, de tal forma que ésta podría funcionar al 100% con escasos niveles de emisión de contaminantes.
Impedimento para el desarrollo
í‰dgar Marroquín, jefe de la Sección de Análisis y Precios del Ministerio de Economía, indica que aun cuando los recursos para la producción del biodiésel son abundantes, se requiere de la aprobación de estudios de factibilidad para producir en grandes cantidades.
Según el funcionario, el montaje de una planta de producción necesita de una fuerte inyección de capital, por lo que las empresas internacionales que ya han demostrado interés en participar esperan un ambiente más favorable para realizar su inversión.
Los empresarios dedicados a este ramo esperan siempre que el gobierno del país donde instalan los centros de producción brinde certeza a su capital a través de una legislación que permita adquirir las materias primas dentro de las fronteras y operar con incentivos fiscales.
í‰dgar Navarro, presidente del Administrador del Mercado Mayorista de Energía Eléctrica, refiere que es necesario «transportar al país a una nueva época» en la que se promueva más investigaciones y reducir la dependencia del petróleo. Sin embargo, el entrevistado considera que este recurso aún puede (y debe) ser aprovechado.
«Tenemos que reducir nuestra dependencia de cualquier tipo de energía y plantear proyectos para diversificar las fuentes de generación, sin embargo, en nuestro medio, el petróleo sigue siendo la solución más factible a pesar de su precio», afirmó.
Navarro reitera que la necesidad de tecnología de punta para el montaje de infraestructura de las plantas (eólicas, solares y de biocombustibles) es un impedimento que limita las posibilidades de Guatemala para diversificar la generación de energía.
Oposición responsable
Leocadio Juracán, de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC), sostiene que la producción de biodiésel y combustibles a base de maíz y trigo representa una amenaza para la seguridad alimentaria del campesinado.
Juracán sostiene que el aumento en la demanda de biocombustibles producidos con granos básicos también elevará a precios inalcanzables los alimentos que forman parte de la dieta básica de los habitantes de las zonas rurales.
«No nos oponemos al desarrollo de la tecnología o de las nuevas alternativas que protegen el medio ambiente, sin embargo, estamos preocupados por el futuro de nuestras familias que tendrán que pagar precios muy altos por la comida», dice Juracán.
Las organizaciones campesinas han manifestado, en distintas ocasiones, su preocupación por la falta de políticas gubernamentales que establezcan límites para la producción de los combustibles a base de granos alimenticios. Y, de ese modo proteger los precios de los alimentos.
La producción de energía a base de componentes renovales tiene un aspecto positivo que es respaldado por las organizaciones ambientalistas y es que su producción representa escasos impactos sobre el medio ambiente debido a su naturaleza orgánica.
Estas han visto con beneplácito el desarrollo de las nuevas formas de generación de energías renovables, no obstante han demostrado su preocupación por el desbalance que podría ocasionar una demanda desmedida de granos básicos en el comercio y por tanto, el riesgo que corren las zonas selváticas para ser utilizadas para la plantación de las materias primas.
No será hasta que los precios internacionales del petróleo rebasen nuevamente la barrera psicológica del los US $100 por barril y se desarrolle la tecnología energética, que se inicie una masiva generación de energía con la fuerza del viento y los rayos solares.
Por otro lado, la producción de biocombustibles crece al ritmo del interés de los inversionistas para producir combustibles amigables con el medio ambiente y, por supuesto, que generen ingresos millonarios para sus bolsillos.
Como su nombre lo indica, este tipo de energía requiere de los rayos solares, que contienen una importante carga de radiación que es absorbida por los paneles.
Estos paneles son instalados en los tejados o en las zonas exteriores de los inmuebles; estos se encuentran conectados a un generador que produce la energía y a una batería que la conduce por la conexión eléctrica interna de la instalación.
Dos paneles pueden ser instalados fácilmente en el techo de una casa y generan suficiente energía para la utilización de dos focos y cuatro aparatos eléctricos de bajo consumo, durante un período no mayor de 12 horas.
Un ejemplo de este tipo de energía es el funcionamiento de las calculadoras que poseen pequeños paneles solares, y estos, al estar expuestos al Sol o a rayos luminosos con alta carga de calor funcionan durante un breve lapso.
Existen varias opciones para la instalación de los sistemas de energía solar en los hogares con precios asequibles; aún no se considera su aplicación para la actividad industrial, ya que su capacidad de generación es insuficiente en comparación con la corriente eléctrica comercial.
Una de las fuentes más antiguas de generación de energía es el viento, que se aprovechó comercialmente a partir de la década de los 80 en Europa.
El aprovechamiento directo del viento es el más conocido: la fuerza del viento mueve una hélice que se encuentra conectada a un sistema mecánico que es comúnmente utilizado para moler granos o retirar agua de los pozos.
Los sistemas avanzados de la energía son los aerogeneradores, que por medio de un sistema mecánico hace girar un rotor, que a su vez, se encuentra conectado a un generador de alta capacidad y a una batería que almacena la energía.
Las predicciones anuales para la generación de energía a base de viento apuntan que en este año se producirán 109 mil megavatios, y en 2010 la generación será de 160 mil.
Los estudios de factibilidad realizados en el país indican que en el oriente, los departamentos de Zacapa y Jutiapa son los más aptos para instalar una planta de generación, mientras que Huehuetenango y Quetzaltenango, son las zonas más recomendables del Occidente.
Los combustibles de origen biológico son producidos a base de granos como el maíz y trigo y en algunos casos de caña de azúcar como el etanol.
En Guatemala se analiza la posibilidad de iniciar la producción a base de la jatrofa o piñón.
Los expertos indican que la jatrofa tiene la potencialidad de convertirse en un biocombustible y debido a la facilidad para sembrarla, ya que puede ser cultivada hasta en las zonas más áridas, por tanto es la opción más importante en el país.
En Petén, cinco empresas extranjeras están realizando pruebas de factibilidad para determinar los beneficios de iniciar una planta de producción de biodiésel.
En comparación con los combustibles fósiles, como se llama a los derivados procesados del petróleo, el biodiésel tiene menos contaminantes, por lo que en su producción, traslado y utilización es menos peligroso y dañino para los seres humanos y el medio ambiente.
Los principales proyectos los realiza la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología de manera conjunta con la Universidad de San Carlos de Guatemala. El año pasado se realizaron cinco proyectos que finalizaron exitosamente.