El extraordinario triunfo del atleta guatemalteco Erick Bernabé Barrondo García, de 21 años de edad, al conquistar la primera Medalla Olímpica para nuestro país en más de medio siglo, no sólo es una hazaña deportiva, sino un gran ejemplo para los jóvenes de nuestro tiempo acechados por tantas adversidades como el riesgo de ser atrapados por las mafias del narcotráfico y el crimen organizado.
Para un pueblo que por más de 500 años ha sufrido mucho dentro del marco de una historia trágica, con raíces de brutal dominación desde la época de la violenta conquista de los europeos, cuyas secuelas nos siguen agobiando, ha sido motivo de una gran alegría la proeza de nuestro compatriota.
El joven Barrondo entró por la puerta ancha de la historia mundial, al hacerse acreedor de una Medalla de Plata tras ocupar el pasado sábado 4 de agosto, el segundo puesto en la competencia de marcha de los 20 kilómetros en los Juegos Olímpicos de Londres, junto a vigorosos corredores de la República Popular de China, Rusia y otros países.
Ningún guatemalteco pudo ocultar su emoción, al ver las imágenes por la televisión del momento cumbre en que el deportista guatemalteco se codeaba con los demás atletas del mundo, ganando a pulso cada centímetro de la carrera hasta llegar exitoso a la meta.
De inmediato se produjeron numerosas reacciones de ciudadanos comunes, de dirigentes políticos, diputados, funcionarios de gobierno, empresarios, y de otros sectores, expresando su felicitación para el destacado marchista. Las autoridades deportivas, anunciaron la determinación de otorgarle un premio de 500 mil quetzales.
El presidente de la República, General Otto Pérez Molina, luego de exaltar la figura de Erick Barrondo y considerarlo como un Héroe Nacional, anunció su decisión de preparar un recibimiento apoteósico a su arribo al Aeropuerto Internacional La Aurora de la capital de Guatemala.
Sin duda, todos los homenajes y alabanzas para el joven deportista chapín, no sólo son bien merecidos por su gran entrega y perseverancia, pero dado que proviene de una cuna humilde de obreros de la lejana aldea Chiyuc, del municipio de San Cristóbal Verapaz, departamento de Alta Verapaz, lo más importante ahora es garantizar su futuro y el de su modesta familia, para que no se repita la ingratitud cometida con otro gran héroe de nuestra historia, el gran Mateo Flores, que a pesar de haber llenado de gloria a la Patria, sufrió muchas angustias económicas.
El Presidente de la República y el Congreso deben tomar las decisiones necesarias, para que nuestro gran atleta, hoy admirado por todos, tenga por delante una vida digna y promisoria y que cuando llegue a la tercera edad no sea olvidado por la sociedad.