El fútbol como espejismo


El Real Madrid es el bicampeón de la liga española de fútbol. La fiesta se prolongó con la goleada que los madrileños aplicaron a los alicaí­dos «culés» del Barcelona. En Guatemala hubo júbilo entre quienes aplauden la divisa blanca como emblema de estatus social. Hay tanto esnobismo que comparan al endeudado Comunicaciones con el «galáctico» Real Madrid. Otro falso paralelismo se da entre el rojo insurgente que visten Municipal y el Barcelona, y la aristocrática albura de Comunicaciones y del Real Madrid.

Marco Vinicio Mejí­a

Los contrastes son más profundos en España. El Barcelona, más conocido como el «Barí§a», simboliza el republicanismo en oposición al monárquico Real Madrid. En el balompié catalán fue tal la identificación con la República, que al iniciar la guerra civil española (1936), el equipo realizó una gira internacional para recaudar fondos destinados a la resistencia republicana y la lucha contra el franquismo. Luego de la guerra, el Barí§a asumió la oposición a la dictadura y al centralismo madridista.

Una distancia abismal separa ese antagonismo de la rivalidad entre los clubes capitalinos en Guatemala, en una velada lucha de clases. La mayor categorí­a social la representa Comunicaciones y la marginalidad la encarnan los seguidores del Municipal. Aparte, el autonomismo encuentra su válvula de escape en los equipos departamentales.

El fútbol nacional es un negocio que beneficia a una camarilla con las ganancias que generan la publicidad comercial y las transferencias de jugadores. En lo deportivo es un fracaso el montaje de los espectáculos, las fugas en la percepción de ingresos por venta de boletos y la desatención de las ligas menores. La preparación y reclutamiento de jugadores no se ha traducido en un deporte altamente competitivo, con una infraestructura adecuada.

A puro golpe de talonario, contratan extranjeros para elevar su calidad. Es hora de desterrar a personajes como la familia Arzú-Garcí­a Granados, culpables de la inflación del deporte de las patadas. Si el juego refleja el afán de competencia, la similitud de lo que ocurre en el campo de fútbol con las tensiones enmarcadas en la realidad… no es mera coincidencia.