El Frente Popular (SDS) y el 187º. Aniversario de la Declaración de Independencia del 15 de Septiembre de 1821 -III-


En el apartado I de esta serie de artí­culos se informó de las alocuciones de Guadalupe Chutá, Carlos Enrique Wer, los dos miembros del Frente Popular por la Soberaní­a, la Dignidad y la Solidaridad (Frente Popular SDS), pronunciadas en la Escuela de Ciencia Polí­tica de la Usac el 11 de septiembre pasado; en el apartado II, se dio a conocer la primera parte de la disertación de Alfonso Bauer Paiz, sobre «Grado de Independencia de la Nación y Estado de Guatemala, durante la década 1944-1954». Y en este apartado III se continúa la publicación del discurso de Bauer Paiz.

Alfonso Bauer

Mencionaremos a continuación actuaciones del Gobierno del presidente Arévalo, que dignificaron a Guatemala a nivel internacional por su solidaria polí­tica de construir una interrelación de paz a nivel mundial, y en defensa y mantenimiento de la soberaní­a nacional e independencia patria:

Los representantes de Guatemala, en San Francisco California, se destacaron en 1945, en la fundación de la Organización de las Naciones Unidas.

En Centroamérica se solidarizó con los patriotas hermanos del Istmo que luchaban contra los gobiernos dictatoriales, represivos y lacayos del Imperio, principalmente, el de Anastacio Somoza, de Nicaragua, y el de Tiburcio Carí­as Andino, de Honduras, así­ como el de Rafael Leónidas Trujillo, de la República de Santo Domingo. De paso, no olvidemos que en aquella década Guatemala se convirtió en el asilo de los perseguidos por dictaduras de Venezuela, Perú, Puerto Rico, Centroamérica e incluso de España.

A pesar de que el presidente Arévalo, ideológicamente no compartí­a los principios del marxismo y menos aceptaba el socialismo comunista, entabló relaciones diplomáticas con la Unión Soviética.

Se negó a aceptar una dádiva de cientos de millones de dólares que la Casa Blanca le ofrecí­a para apoyar su plan de gobierno, que el Gobierno de EUA reconocí­a que era bueno, porque en el fondo era un disimulado soborno para que entregara el petróleo.

Obligó a la UFCO a cumplir las disposiciones del Código de Trabajo, a lo cual se negaba, porque invocaba los contratos firmados con los gobiernos liberales, desde fines del siglo XIX, aprobados por la Asamblea Nacional Legislativa, en los que constaba que la Compañí­a tení­a el derecho de administrar sus empresas, incluso en lo laboral, libremente, sin sujeción a ninguna ley del paí­s.

A pesar de la ojeriza que el imperio le tení­a al presidente Perón, el presidente Arévalo recurrió a su ayuda en dos ocasiones, una para romper un bloqueo que la UFCO habí­a dispuesto hacerle a Puerto Barrios y no permití­a que llegasen embarcaciones y Perón envió una flota que terminó con el bloqueo y, en otra, envió al ingeniero Hurtado de Mendoza, experto de Yacimientos Petrolí­feros Fiscales de Argentina, como asesor de la Dirección de Minerí­a, quien coordinó la comisión que elaboró la Ley de Petróleo, que salvó de la voracidad imperial el preciado recurso natural no renovable.

Ante la inminencia del golpe de Estado que el Jefe de las Fuerzas Armadas, Coronel Francisco Javier Arana, en connivencia con el Embajador imperial, Richard Patterson, porque no se autorizaba una concesión petrolera a la Standard Oil of Ohio, inteligente y hábilmente se las arregló para echar de Guatemala a ese pro-cónsul, quien fue retirado de su cargo diplomático.

En fin, nunca quiso contraer un empréstito, ni de EUA ni de ninguna otra potencia, porque decí­a: «lo que se recibe de dinero con la mano derecha, se entrega en soberaní­a con la izquierda».

Veamos ahora cómo se condujo Jacobo Arbenz:

Al formular su programa de gobierno le hizo saber a los Estados Unidos que, en parte se basaba, en práctica de estrategia polí­tica de los Estados Unidos de América, la Competencia, no la competitividad actual del neo-liberalismo, que conduce a asegurar el predominio del más fuerte y la desaparición del más débil, sino la COMPETENCIA, de aquel liberalismo que le asignaba a ese mecanismo capitalista, la función de evitar el monopolio. Y, así­ les habló Arbenz a las empresas transnacionales yanquis que se señoreaban en Guatemala:

Voy a construir la carretera del Atlántico, para competir con la IRCA. Voy a construir el Puerto de Santo Tomás, para competir con Puerto Barrios. Voy a construir la Hidroeléctrica de Jurún Marí­nala, para competir con la Empresa Eléctrica de Guatemala, en manos de la Electric Bond & Share. Y lo hizo.

Además, conforme al Decreto 900, Ley de Reforma Agraria, que disponí­a la expropiación de las tierras ociosas de los latifundistas, fuesen guatemaltecos o extranjeros, expropió de ellas a la UFCO y a su subsidiaria, Compañí­a Agrí­cola de Guatemala, CAG.

Y como el Secretario del Departamento de Estado, John Foster Dulles, su hermano. Allan, director de la CíA, los senadores Mc Cormick. Cabot Lodge y otros eran condueños de la UFCO, el general Eisenhower autorizó la Operación Guatemala de la CíA, y más que con la invasión militar por la traición de algunos oficiales superiores del Ejército de Guatemala, lograron el derrocamiento de Arbenz.

Pero, no hay que olvidar la gallarda y digna lucha de la delegación del Gobierno Revolucionario en defensa de la soberaní­a de Guatemala en la Décima Conferencia de Caracas, en la que la OEA, servil aparato de los gobiernos de América Latina, que condenaron a Guatemala por «comunista», estando sola, pues apenas si México y la Argentina, se abstuvieron en la votación y el resto de paí­ses hermanastros, en esa abominable ocasión, decretaron con su amo el «delenda est Guatemala». No obstante, lo cual bajo la dirección del canciller Guillermo Toriello, Guatemala se enfrentó al imperio en las Naciones Unidas, en defensa de su soberaní­a e independencia.

Por esa indoblegable conducta soberana y digna de nuestra Revolución democrática popular, al escribir Pablo Neruda su Oda a Guatemala, exclamó indignado ante el atropello yanqui: ¡Oh, Guatemala, la Dignidad de América!

Veamos, en seguida, el comportamiento del pueblo y Estado de Guatemala a la luz de la otra acepción, del vocablo Independencia, relacionada con la situación interna de la sociedad guatemalteca. Lo primero, que merece destacarse el hecho que por primera vez, también en la historia del paí­s, que desde el siglo XVI, como consecuencia de los cambios polí­tico sociales derivados del triunfo de la Revolución del 20 de Octubre de 1944, el poder ya no lo retuvo la oligarquí­a criolla- mestiza, explotadora de los pueblos aborí­genes y de los ladinos pobres, pero serviles lacayos de potencias extranjeras, sino guatemaltecos nacionalistas, frente a la hegemoní­a foránea y que si bien, a pesar de no ser racistas, no pudieron asegurar la plena liberación de los pueblos de naturales, como ya se dijo, acabaron con los trabajos forzados de los aborí­genes y se fundó el Instituto Indigenista, a fin de abrirle paso a la rectificación de aquel estado de exclusión del originario pueblo guatemalteco. El cual tendrí­a la oportunidad de su liberación económica, base de su liberación polí­tica, con la acelerada marcha que se preveí­a de la aplicación de la reforma agraria que, les devolverí­a el medio de producción tierra, del que fueron despojados desde la invasión española, en el siglo XVI.

En vista de la anterior relación histórica, veraz, como lo he hecho en otras ocasiones, se puede afirmar que los pueblos guatemaltecos de ascendencia maya, xinca, garí­funas y mestizos , durante los diez años de revolución popular y democrática, durante las administraciones de la Junta Revolucionaria de Gobierno y de los presidentes Arévalo y írbernz, convivieron en las máximas condiciones de soberaní­a, dignidad, solidaridad y justicia social, desde la época de la invasión hispana, en el siglo XVI hasta la fecha. .