El Frente Popular (SDS) y el 187°. Aniversario de la Declaración de Independencia del 15 de Septiembre de 1821 (II)


El dí­a lunes 29 del pasado mes fueron publicadas en La Hora -Tribuna, No Mostrador- las alocuciones de los miembros del Frente Popular por la Soberaní­a, la Dignidad y la Solidaridad en Guatemala (Frente Popular (SDS), Guadalupe Chutá, Carlos Enrique Wer y Wilfredo Lanuza y en esta edición se publica la primera parte de la exposición de Alfonso Bauer Paiz. Acto cí­vico que tuvo verificativo el jueves 11 de septiembre en la Escuela de Ciencia Polí­tica de la Usac.

Alfonso Bauer

Bauer Paiz abordó el tema: «Grado de Independencia de la Nación y Estado de Guatemala, durante la Década de 1944-1954», y dijo:

Entiendo por Independencia una categorí­a cí­vica, ética, polí­tica que ha de examinarse, en sus dos acepciones: la primera, desde un punto de vista internacional, referida al Estado, es decir, que el Estado de una nación no dependa de otro Estado, en menor o mayor grado; y, la segunda, desde el punto de vista interno de la nación. Así­ procederé en esta disertación.

Debo advertir que estoy enterado y, comparto sus criterios, de quienes disertamos por el Frente Popular (SDS), negativos al reconocimiento de la prevalencia independiente de la nación y Estado de Guatemala, a lo largo de su historia, a partir del siglo XVI al dí­a de hoy. A mí­ me corresponde evaluar el periodo de 1944-1954, llamado en Guatemala, e internacionalmente, el de la Primavera Democrática.

Parto para hacer esa evaluación de dos acontecimientos mundiales que influyeron en alto grado a cambios polí­tico-sociales en nuestro paí­s. Uno de ellos fue la Primera Guerra Mundial (1914-1918), durante esa conflagración, en Guatemala todaví­a se mantení­a en el poder, el régimen tiránico de Manuel Estrada Cabrera, quien fuera derrocado hasta dos años después de firmado el Armisticio, en noviembre de 1918. ¿Cómo influyó en la polí­tica guatemalteca esa conflagración mundial?

Guatemala, era entonces un paí­s sometido a dos imperialismos: uno, el de los EUA, siendo la primer República Bananera de Centroamérica, una especie de factorí­a de la United Fruit Co. y el otro imperialismo era el prusiano, kaisereano, de Alemania. Pero, un año antes de haber terminado la Primera Guerra Mundial, habí­a alcanzado el poder la Revolución Soviética, comunista, en Rusia. Rusia habí­a sido aliada del bloque rival de la potencia derrotada, Alemania, pero el Soviet no tení­a nada en común con el imperio alemán. Y la irradiación de la supresión del sistema capitalista en la Unión Soviética fue extensí­sima y operó en Guatemala; surgió el valiente y abnegado grupo de los primeros sindicalistas y fundadores del partido comunista, al mismo tiempo que la juventud de clase media y aún adultos de clase alta, cobraron brí­os y, sin derramamiento de sangre, lograron deponer al déspota Estrada Cabrera y llevar a la Presidencia, a un miembro de la oligarquí­a cañera, Carlos Herrera, que actuó patrióticamente, estuvo a favor de restablecer la unión centroamericana, y se negó a las exigencias del gobierno de Washington, de entregar a la transnacional Electric Bond & Share, la Empresa Eléctrica de Guatemala, que era del patrimonio nacional al habérsele confiscado a la empresa germánica propietaria de la misma.

Por supuesto, el imperio del Norte no soportó el digno gesto del presidente Herrera y montó el golpe de Estado Militar, valiéndose de los generales Larrave, Lima y Orellana. Sin embargo, debe saberse que tanto la administración de José Marí­a Orellana (1921-1926) como la del presidente Lázaro Chacón (1926-1930) ya no fueron de corte dictatorial como habí­a sido Estrada Cabrera. En 1931, ascendió al poder Jorge Ubico, y los pocos y relativos avances democráticos, (pero siempre como vasallos, de los poderes estadounidenses y germánicos, antisindicales y anticomunistas) de los gobiernos de Orellana y Chacón, fueron soterrados.

El otro acontecimiento global, fue la Segunda Guerra Mundial, en la cual las potencias capitalistas (Gran Bretaña y los EUA) solicitan la alianza con la URSS, para combatir a las potencias fascistas (Alemania, Italia, Japón). Guatemala, otra vez del lado de los aliados contra el bloque totalitario fascista, habí­a logrado el triunfo de su revolución democrática popular un año antes que capitularan Alemania y Japón, en mayo y agosto de 1945.

Para entonces ya estaba al frente del gobierno de Guatemala, Juan José Arévalo, quien respondió extraordinariamente a los anhelos de cambio del pueblo, especialmente de obreros, campesinos, trabajadores en general, artistas e intelectuales, de la mujer, quienes habí­an sido enardecidos por la prédica de la juventud universitaria, estudiantil y magisterial, que luchaba por las 4 libertades: de pensamiento, de conciencia, de miseria y de temor. Esta vez, ningún imperio pudo evitar que Guatemala marchara adelante, con paso firme, por la senda de la libertad y la independencia.

Antes de llegar a la Presidencia Arévalo, la Junta Revolucionaria de Gobierno habí­a derogado las disposiciones que legalizaban el trabajo forzado de los indí­genas, desde 1524 y, la Constitución Polí­tica de la República (la de 1945), estableció el principio: el interés social prevalece sobre el individual, ordenó la erradicación del latifundio, que habí­a estado protegido por la ley, también desde la invasión española en el siglo XVI, por primera vez en la historia del paí­s, la Ley Fundamental garantizó, no sólo derechos individuales, sino los sociales, muy en especial los derechos de los trabajadores y la libertad de organización. Serí­a la de nunca acabar si hago la relación completa no sólo de los logros en el ámbito de la superestructura y de la estructura económico social del paí­s alcanzados en esa época (1944-1954). (Continuará)