El fracaso de la ley de los motoristas


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La reforma al Reglamento de Tránsito, popularmente conocida como la ley de los motoristas, constituye un rotundo fracaso, pues no ha dado ni dará el resultado que se esperaba, para contrarrestar las acciones de los asaltantes que operan a bordo de motos.

Félix Loarca Guzmán


En la capital de Guatemala, son muy pocos los motoristas que están cumpliendo al pie de la letra las disposiciones contenidas en ese instrumento legal. Hasta ahora todo se reduce a una perversa maniobra del actual gobierno destinada a promover el color del partido oficial a través de los chalecos obligatorios para los pilotos de las motos.

Bueno es recordar que el Ministro de Gobernación, coronel Mauricio López Bonilla, fue el principal promotor de la reforma y que su escaso acatamiento es el reflejo directo de la improvisación de la medida, sin contar con el adecuado respaldo de la Policía Municipal de Tránsito, PMT, de la ciudad de Guatemala, cuyos agentes se hacen de la vista gorda ante los constantes abusos de muchos de los conductores de motocicletas.

La ley prohíbe que los motoristas circulen haciendo zigzag y determina que deben caminar en un solo carril, delante o atrás de los carros.  También les prohíbe ir entre las filas de los automóviles absteniéndose de  estar al lado de los mismos, que es una de las posturas características de las personas dedicadas a cometer asaltos desde las motos en marcha.

Decimos que la ley es un fracaso, pues tan solo el lunes de esta semana, un Magistrado de las Cortes de justicia, fue víctima de un atentado a tiros por parte de maleantes que iban a bordo de una motocicleta.

El funcionario fue sometido ayer a una delicada intervención quirúrgica en uno de los hospitales del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. El ataque se ejecutó en la 7ª. avenida zona 4, casi frente al edificio del Instituto Guatemalteco de Turismo, Inguat.

Con anterioridad, el Ministro López Bonilla, en una clara manifestación de demagogia, amenazó con retirar la respectiva autorización a las policías municipales que no estuvieran colaborando para garantizar el cumplimiento de la ley.

La Policía Municipal de Tránsito, PMT, de la capital de Guatemala, obviamente no está brindando su cooperación, pero el Ministro no ha movido un solo dedo para cancelar las actividades de ese cuerpo policial.  Sencillamente no se atreve, como consecuencia del poder político que aun ejerce el alcalde de la capital, el señor Alvaro Arzú, que al negarse a colaborar, está cometiendo el delito de incumplimiento de deberes, por el cual puede ser perseguido penalmente ahora o en el futuro.

Y Arzú se niega a cooperar, pues de antemano sabe que cualquier acción contra los motoristas le acarrearía mucha antipatía para sus intenciones de seguirse reeligiendo como Alcalde de la capital.