El proceso de convocatoria, análisis, selección y propuesta final para ejercer el cargo de Fiscal General está ya casi en su última fase; la Comisión Controladora e Inquisidora está por terminar la responsabilidad que por ley le otorga la potestad de seleccionar candidatos y/o participantes, no me refiero a ella como postuladora porque ella no postuló a nadie.
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Al igual que en el primer proceso, se supone que hubo las necesarias cargas políticas, compadrazgos, recomendaciones de grupos de presión, delaciones con o sin razón por parte de grupos que se autodenominan representantes de la sociedad civil – ¿cuántas sociedades tiene Guatemala? – y el cabildeo de los participantes con los grupos del poder oculto o visible en Guatemala. En fin… uno de los seis propuestos al Presidente del organismo ejecutivo será el ungido y a partir de ese día, su personalidad, su estatus económico, sus relaciones «sociales», y su responsabilidad de trabajo, cambiarán de forma muy, pero, muy drástica, porque se le creará un círculo de allegados lisonjeros que echarán al vuelo su nueva fama de «non plus ultra». Ojalá que me equivoque al respecto. Y pasamos entonces, al otro proceso que está en pleno desarrollo y también en su parte más álgida, me refiero a uno de los últimos pasos para elegir Director/a General en el Instituto de la Defensa Pública Penal con la integración de la terna propuesta al organismo legislativo por la Comisión Postuladora – Controladora e Inquisidora -. Dicha institución tiene a disposición de la población en general una gama de servicios jurídicos con carácter de gratuidad y un bien probado profesionalismo por parte de sus abogados litigantes. Desde el año dos mil ocho el IDPP creó la Coordinación Nacional de Asistencia Legal gratuita a las víctimas de violencia y sus familiares, también en temas de derecho de familia, garantizando el efectivo ejercicio de sus derechos mediante la intervención de abogados y abogadas en función de defensores públicos. Una actividad jurídica muy especial que desarrolla el IDPP es la Defensoría Indígena, la cual brinda orientación, asesoría y asistencia jurídica con abogados maya hablantes a la población que radica en los municipios donde hay representación maya (Petén, Chiquimula, Salamá, Quetzaltenango, Jutiapa, Escuintla, Cobán, Villa Nueva y ciudad Guatemala entre otros). Los servicios que se brindan comprenden en primer lugar la asistencia psicológica en crisis; asistencia legal en forma gratuita y la coordinación con instituciones de apoyo para la atención médica. En el próximo artículo expondré algunos datos que de suyo me parecen muy interesantes en cuanto a la proyección que el Instituto de la Defensa Pública Penal tiene en nuestro país, en Latinoamérica y en Europa con el ejercicio de la Presidencia de la Asociación Latinoamericana de Defensorías Públicas y su participación en actividades similares en Europa.