Esta semana el superintendente de Administración Tributaria, Miguel Gutiérrez, presentó su renuncia al Presidente de la República, al puesto que venía desempeñando, poniendo fin a un acalorado debate por las cifras del déficit de la recaudación tributaria del país que había mantenido y ventilado a través de los medios de comunicación con el ministro de Finanzas Públicas, Pavel Centeno.
Las discusiones que habían mantenido ambos funcionarios, con diferencias de cifras que deberían de haber espantado a cualquier economista del primer mundo, se percibían en el país como una confrontación de poderes por la recaudación de los impuestos y sobre todo por el control de las aduanas que dejó un sabor amargo en la población y que se percibe ahora, luego del desenlace a favor del Ministro de Finanzas Públicas, como un endurecimiento de la línea de confrontación del Gobierno para efectos de las negociaciones que sostiene con el sector privado.
Corresponde ahora a la Presidencia de la República por medio de de su Secretaría General poner en conocimiento del Directorio de la Superintendencia de Administración Tributaria la renuncia presentada y que este órgano lance una convocatoria para que los profesionales que deseen y puedan optar al cargo se manifiesten y de estos se obtenga la lista de la cual se elegirá al nuevo Superintendente.
Llaman poderosamente la atención ahora, los diferentes comentarios y declaraciones que se manejan a nivel de prensa, cuando por ejemplo, el ministro Centeno comparece ante los medios promoviendo a su viceministra de Finanzas, María Castro, en declaraciones que dejan entrever la posibilidad que el Ministro de Finanzas consolide su victoria controlando el puesto de su rival caído.
Las políticas fiscales y económicas de cualquier país necesitan claridad y transparencia de sus números macroeconómicos, para que en base a los datos oficiales y uniformes se tracen las medidas que puedan corregir el rumbo o que permitan medir los distintos escenarios para la implementación de decisiones que guíen a este barco del cual todos somos pasajeros. La carencia de uniformidad en las cifras de recaudación del Estado debió de solucionarse a través de la declaración de cualquiera de los funcionarios en confrontación o de una declaración de ambos en beneficio del país, indicando que existía ya un acuerdo en cuanto a las cifras reales de recaudación y no de la manera como se solucionó, esperando que uno de los funcionarios confrontados presentara su renuncia y sea ahora premiado con una sede diplomática, dejándonos a todos con la sensación de que ellos lograron un acuerdo político y de que sí era cierta la confrontación por el poder y el control de las aduanas, pues a nadie le importó aclarar la situación de los números de la recaudación en el país que al final era lo que realmente correspondía.
La elección del nuevo Superintendente de Administración Tributaria es clave para el Gobierno, en función de que la población note si existe o no vocación de transparencia y deseo de fortalecer la institucionalidad del país, el tomar una decisión equivocada o con un factor o elemento político de por medio, puede dar pie a que los rumores y los entredichos de la población se consoliden y se perciba a las aduanas como un mero botín por el cual se dio la lucha entre los funcionarios.