«La esperanza de la impunidad es para muchos hombres una invitación al delito». Pierre Villaume Si alguien dijera, que en Guatemala todo está putrefacto, nadie lo negaría, a la vista está, en un análisis simbólico, el país es como una manzana, que se encuentra podrida, y pudre todo lo que a ella se acerca, aunque nunca estuve de acuerdo con que se creara la CICIG,
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es interesante observar como en nuestro pueblón, cada día se evidencia más la basura moral en la que vivimos, y si algo bueno se debe reconocer, a la creación de este elefante blanco llamada CICIG, es que evidenció entre muchas cosas más, una de dos, o siempre nos envían a los más corruptos, para que nos “acompañen” o se hagan “responsables” de combatir la misma corrupción, como cuando enviaron a conquistarnos al lumpen español, o acá se corrompen, con la ayuda de las élites infectadas de siempre, que se encargan de sacar lo más putrefacto del ser humano.
En la primera gestión de esta institución, es de todos sabido que Dionisio Gutiérrez almorzaba todos los miércoles con Castresana, Dall’Anese, tuvo un perfil más bajo, pero estuvo dominado por las élites también, adicional a lo anterior, es que existen muchos poderes obscuros en el país, disfrazados para quienes no son de acá, de blancas palomas, quienes se empoderan de los extranjeros, que vienen a realizar cualquier labor, durante la reciente historia, existen varios casos de cómo se tropicalizan, quienes tienen por mandato fiscalizar, o combatir el crimen en el país, probablemente, nuestra sociedad tiene cierto componente, que hace que se despierte en ellos el lado oscuro que todos llevamos dentro, unos más, otros menos, la desaparecida Minugua, y hoy la CICIG, nos demuestran que la impunidad campea en el país, como una vorágine, en la que nos hundimos.
En el horizonte, no se visualiza más que oscuridad, en el tema de justicia ni pronta, menos cumplida, aunque en lo personal, no estuve de acuerdo con la implementación del ente internacional en el país, el que no haya respondido a las expectativas, de quienes veían en su creación una unidad permeada, ante la corrupción, que corroe a la mayoría de nuestras instituciones, no solamente se sienten defraudados, porque no se lograron los objetivos mínimos que se esperaban, sino que, como cuando no se baila bien un tango, (fallan los dos bailarines) en este caso, fracasaron los responsables de la CICIG, y nuestras instituciones, y a mi criterio muy personal, nuevamente quedó en evidencia que vivimos en una suciedad, en la que la historia se escribe con la i de impunidad.
Uno de los grandes problemas de que la CICIG termine su período, sin mayores resultados más que el mediatizado caso Rosemberg, del que hasta una película van a filmar, y el haber entregado sin respetar garantías mínimas, con total violación a la tan cacareada soberanía, a Portillo, es que quedamos peor que antes, basta leer los periódicos, o escuchar las noticias.
Bueno, no funciona el sistema, el Estado de Derecho es inexistente, viene un organismo internacional, no cumple su mandato, ¿Qué podemos hacer? Refundar el Estado, iniciando por una revolución intelectual, no es posible que todas las personas calificadas no se involucren por temor a ensuciarse, se puede caminar sobre el lodo y no mancharse, pero la apatía ha ganado la batalla, cosa que no debemos permitir, creo sin temor a equivocarme que en Guatemala existen muchas personas que tienen el propósito sano de cambiar el rumbo del país, y que pueden caminar por tierras pantanosas sin ensuciarse ni un dedo del pie, pero deben unirse, porque de no ser así, cada día entregamos al averno el futuro del país, y quienes vienen atrás de nosotros, no nos lo perdonarán con toda razón.