El fantasma de Ubico


El pasado lunes, el general Jorge Ubico, una de las figuras polí­ticas más influyentes de nuestra historia en el siglo XX, hubiera cumplido un año más. Es una festividad muy fácil de recordar, sobre todo si tomamos en cuenta que él estrenó el Palacio Nacional -ahora de la Cultura- justo en su cumpleaños 64. Este año, el llamado «Guacamolón» cumplió 65, por lo que el Gobierno ha realizado un homenaje de aniversario.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Da hasta pena la contradicción. Hace un mes, el Gobierno actual colgaba sobre las paredes los afiches de Juan José Arévalo, Jacobo Arbenz y Oliverio Castañeda, y hoy -quizá sin quererlo- celebra a Ubico.

Sobre todo porque la Revolución es lo contrario a la dictadura ubiquista. Pero si se analiza, en nuestra historia aún persiste esta contradicción. Sin ir muy lejos, hoy dí­a, se intenta impulsar un Presupuesto para el 2009 con una supuesta inclinación al Gasto Social, y con elevar -o mantener, según jerga gubernamental- la tasa impositiva. Y ello, con la supuesta justificación de que, ante la crisis financiera que no tarda en repercutir en Guatemala, se debe evitar que las capas medias bajen hacia las lí­neas de pobreza.

Hace décadas, Jorge Ubico también debió enfrentar la crisis financiera provocada por la Gran Depresión de Estados Unidos de la década de los treinta, con la excepción que Ubico hizo exactamente lo contrario a lo que pretende el Gobierno de Colom. Es decir, Ubico recortó el Gasto Social, mantuvo la carga impositiva muy baja, se apretó el cinturón para evitar excesivos gastos de inversión y pagó puntual su deuda externa.

Según el cristal con que se mire, estas medidas fueron buenas o malas. Buenas para los sectores hegemónicos, que se vieron beneficiados en no pagar impuestos, y en obtener, además, mano de obra que rayaba en la esclavitud.

En estos dí­as, el CACIF ha solicitado al Congreso de la República que no se apruebe el Presupuesto 2009, y que se mantenga el de este año, es decir, sin aumentar la carga impositiva, sin aumentar el Gasto Social. Un presupuesto que se basó en un cálculo inflacionario muy por debajo al que ahora nos afecta y que, además, tiene aún serias trabas para ser fiscalizado, ya que buena parte está asignado a oenegés.

En otras palabras, el CACIF añora a un Ubico que, ante el temor de recesión o -al menor- desaceleración económica, les ofrezca las condiciones para que puedan salir en caballo blanco. El sector empresarial, sobre todo el del Agro y de la Construcción, ya ha anunciado un supuesto aumento al desempleo, declaración falaz porque la mayor parte de la Población Económicamente Activa no está empleada, sino subempleada, entonces, al menos en los tecnicismo, el desempleo no aumentará, sino que persistirá el subempleo. Por lo que, en tiempos de crisis, es posible que la mano de obra se haga más barata aún, ya que la demanda de empleo supera al número de plazas de trabajo.

Se debe recordar que Estados Unidos encontró la salida a la Gran Depresión de los treinta, aumentando -aunque sea de forma artificial- las plazas de empleo, mejorando el acceso al crédito y, sobre todo, realizando una agresiva polí­tica de mejoramiento en el agro. Pero el razonamiento del CACIF va en dirección contraria, ya que, en vez de mejorar el poder adquisitivo de las capas medias, se busca que haya conservadurismo económico y austeridad en el gasto estatal, a fin de no arriesgar, y, aunque no se gane, al menos no se pierda mucho.

Aunque no venga mucho al caso, la celebración del aniversario del Palacio Nacional de la Cultura -que, por cierto, es estéticamente feo por ser ecléctico y militaroide- revela una ausencia de ideologí­a del actual gobierno, lo cual beneficia a que la iniciativa privada los doblegue muy fácil.