Nadie puede negar que este mecanismo usual, tan antiguo como la costumbre de fiar, tiene innumerables ventajas para quien lo emplea o aplica. Podemos hacer la obligada comparación, en el sentido que quien pega la primera bofetada lleva las de ganar. El factor sorpresa impone en consecuencia el innegable triunfo sobre el conglomerado e imaginario.
No importa saltar las trancas mediante el tráfico de influencias, la corrupción vencedora, también encima de la transparencia y el contubernio visible, por demás dañino a los intereses generales. Son asimismo las respectivas cajas de resonancia en el ambiente anegado de problemática creciente. Avanza erguido con paso visualizado de vencedor.
Recientes sucesos en el marco de la administración pública ofrecen una panorámica heterogénea, generadora fiel de intencionalidad justo de sorpresa. Sucesivos gobernantes convencidos que obtendrán logros y bonos en su favor, no dudan un solo instante de llevarlo a la práctica. Cada vez más corregido y aumentado, su mandato gana espacios.
Bajo tantas expectativas, que por cierto de eso no pasan, el actual gobernante general retirado Otto Pérez Molina, merced al factor sorpresa de magnitud considerable ha conseguido la aprobación de iniciativas de ley, mediante el membrete de urgencia nacional en la legislatura aparentemente heterogénea, pero al final alineada con 105 votos.
Eso mismo explica la existencia de acuerdos secretos entre el Ejecutivo y el Parlamento en forma rápida, sorpresiva acaso algunos observadores del cotarro político opinan en voz baja. Los ejemplos los tenemos en la elección de la nueva Junta Directiva de la Legislatura. Globitos los hubo antes, empero el resultado demostró ser cosa patente.
En otro orden de ideas la tónica continuó campante, y quedaron viendo el cielo estrellado quienes con voz tronante volvieron a quedar sorprendidos. Resulta ahora un hecho real cómo a través del factor sorpresa el Presupuesto general del Estado también ganó el oficialista Partido Patriota, siempre con el calificativo de Urgencia Nacional, ¿y qué?
Los caminos de la política, aquí y en todas partes del mundo son semejantes y exponentes de la marrullería. De sobra el conjunto largo y tendido de ofrecimientos durante el período preelectoral. La práctica exhibe la auténtica y desmoralizadora realidad, empero confirma el electorado: ahí nos las den todas; corre y va de nuevo sin congelamiento.
Fundados temores cunden en el estado de ánimo, respecto a que igual suceda, mediante el factor sorpresa, tocante a las llevadas y traídas reformas constitucionales. Mientras tanto asuntos prioritarios prosiguen entrampados como la Ley contra el Enriquecimiento Ilícito y restantes cuestiones prioritarias. Apliquen también igual procedimiento.