La situación de nuestro país progresivamente se torna problemática en varios aspectos, lo cual es como para que todo el pueblo salga del letargo y contribuya en una forma u otra a efecto de ver qué solución se da a tantos problemas surgidos.
Al actual régimen de gobierno le ha tocado realizar su jornada haciendo frente a esa situación de suyo desfavorable.
Sabido es que el Gobierno es el administrador del Estado, un Estado que, a juicio de algunos mortales que comentan en medios de comunicación y en los corrillos de la llanura, viene colapsando por diferentes causas que deben ser analizadas seria, detenida y conjuntamente por los técnicos oficiales y privados sin pérdida de tiempo.
Y es que el Gobierno ya no aguanta con tan pesada carga porque tras un problema viene otro, otro y otro enseguida, por lo regular inopinadamente.
Son diversas las causas del pandemónium nacional que nos tiene sumamente preocupados y deseando que se dé buena salida a tan compleja problemática. .
Los políticos del partidismo, en especial, deben deponer beligerancia y tratar de prestar efectivo y positivo concurso, al margen de la rutina de sus actividades, a fin de ir atenuando las pesadillas de todo un pueblo empobrecido.
Hay angustia, dolor y tragedia en el seno de la sociedad guatemalteca, y eso; eso… nos tiene, como quien dice, en casi pleno infortunio.
Lo cierto es que la vida en Guatemala se ha complicado tremendamente. En general, la economía ha rayado en crisis o ya está en crisis. Los precios de los productos vitales y no vitales andan rondando por las nubes, de tantos días grises por motivo del crudo invierno de la temporada y, así, los bellos colores azul y blanco de nuestro lábaro patrio virtualmente se han esfumado; tampoco el astro rey nos ha sido generoso con su vivificante radiación en un cielo despejado. . .
La inseguridad continúa imparable cobrando vidas en casi todos los lugares de la república, pero mayormente en esta capital, donde a toda hora del día y de la noche cometen atrocidades los maleantes sin que las autoridades garantes del orden y de la seguridad de los habitantes puedan detener la marejada salpicada de sangre de hombres, mujeres y niños inocentes en su mayoría. Se comprende que se necesitaría que hubiese un agente policial y un soldado por cada morador para que haya seguridad y paz en lo social.
Que no quepa duda; andamos mal, muy mal. Nuestros hermanos salvadoreños, hondureños y nicaragí¼enses también se encuentran en peligrosa encrucijada. Sólo Costa Rica vive sin mayores problemas, al menos hasta hoy.
Al Gobierno y, sobre todo, a quien timonea la nave, convertida, simbólicamente hablando, en un carcamán, le ha venido lloviendo sobre mojado, tanto por las jugarretas de la politiquería como por los rudos golpes de la Naturaleza.
Las lluvias torrenciales y no torrenciales, pero incesables que han dado la idea de un diluvio, no tienen trazas de hacer una pausa y, por esa razón, ha habido inundaciones en muchas partes del territorio nacional con saldos de muerte y destrucción. No pocos puentes han sido destruidos, lo mismo que grandes trechos de carreteras. Numerosas viviendas han sido arrastradas por fuertes correntadas y derruidas o sepultadas por los deslaves. Infinidad de inmuebles a la vez están siendo afectados por la humedad, etcétera. Tan funesta situación será difícil, muy difícil afrontar por cuanto la economía nacional y mundial no está en jauja.
La gente que rumia los sinsabores de la miseria, que se ha desparramado en la periferia y en los barrancos de la capital y de otros lugares, sin que nadie frene lo que está sucediendo, es la que más ha padecido las inclemencias climáticas, y muchos mortales claman por la ayuda estatal para rehacer sus viviendas, que son, ni más ni menos, sombríos tugurios. Bueno…, ¡no es lo mismo ver las negras realidades que soñar con las huidizas bondades!…
Es recomendable que las voces de la colectividad afectada por los fenómenos naturales se eleven moderando el diapasón, en vez de arremeter con críticas avinagradas contra los funcionarios que están disfrutando las gollerías del poder, pues lejos de eso habrá que ver cómo se contribuye para salir del tremedal.