Tres semanas han pasado desde que el ingeniero ílvaro Colom Caballeros tomo posesión como séptimo presidente de la última era democrática del país. Es un lapso bastante corto, pero desde ya empezamos a ver los grandes retos que el nuevo presidente tiene por delante. Cuando un nuevo equipo de gobierno llega al poder, ya sabe de antemano las cacareadas falencias que como país tenemos. La pobreza, la mala calidad del sistema educativo, la inseguridad, la escasa infraestructura e inversión para producir fuentes de trabajo son solamente algunas de las tareas a superar para que nuestra sociedad tenga mejores oportunidades de salir adelante. Sin embargo, el nuevo gobierno en tan pocos días ya ha abierto la caja de Pandora que el equipo saliente le ha heredado. Una verdadera brasa candente. Hoy, el nuevo equipo gobernante y los guatemaltecos hemos empezado a descubrir que contrario a lo que se creía, el gobierno de la «Gana» no fue ajeno a la corrupción que caracterizó a la administración Portillo-eferregista. Los despilfarros, actos de corrupción y malos manejos también se empiezan a convertir en emblema de la pasada administración. El evento más escandaloso, por lo menos hasta ahora, parece ser la enorme sobre valoración de 1,200 millones por la ampliación del aeropuerto La Aurora. Como que este ha sido un supermercado de malos manejos donde el derroche de fondos en la contratación de asesores, vehículos lujosos, teléfonos y gasolina para las esposas, suegras, hijos y parientes de funcionarios, parece ser solamente la punta del iceberg. Sin embargo, la nueva administración tiene la gran oportunidad de empezar a revertir, sin demoras y sin ambivalencias, esa tendencia de la función pública que ha desnaturalizado el verdadero valor y rol de la política como actividad esencial del ser humano, cuyo bien supremo debe ser el bienestar de los pueblos. Por eso es que hoy la historia le requiere al mandatario ordenar una exhaustiva investigación y de confirmarse lo que ya se oye como un secreto a voces, a sentar un verdadero precedente y a continuar con una política de saneamiento en todos los estamentos del Estado.
Como si esto fuera poco, a pesar de que a los diputados oficialistas se les había hecho saber que no podrían trasladarse al ejecutivo, en la voracidad por manejar recursos presionan al mandatario contrariando esta sana consigna al mismo tiempo de tratar de imponerle a los gobernadores departamentales. Es que acaso estos señores no alcanzan a comprender que con actitudes deleznables como esta, más que serle desleales al Presidente de la república le son al pueblo de Guatemala.
No somos pocos los columnistas en el país los que en determinados momentos hemos criticado severamente los desmanes que han cometido algunos funcionarios de gobierno, pero aparte de criticar, por moral, también tenemos la responsabilidad de apoyar las actitudes correctas del mandatario y recordar, que líderes son aquellos políticos que nacen, viven y mueren en función de las sociedades. Un gran político es aquél que sabe poner su astucia y determinación al servicio de unos principios inviolables que, en última instancia, inspiran y deciden todas sus actuaciones. Y el mejor político de todos es aquél que sabe elegir sus principios. Es decir, aquellos principios que mejor sirven al progreso y al bienestar de la sociedad, que sepa anteponer la defensa del interés general a la tentación del poder o a los intereses de cualquiera de los grupos de presión. Así se encuentren cerca de uno.