El enigma de la Rusia de Medvedev


Un hombre prepara los retratos a diferentes tamaños de Dimitri Medvedev, presidente electo de Rusia.

Los expertos dicen que hay dos Rusias: la primera es una superpotencia económica que se impondrá en el sector de las tecnologí­as de última generación y la segunda es un Estado corrupto que amenaza con inclinarse peligrosamente hacia el fascismo.


Detrás de estas dos visiones muy distintas de un mismo paí­s se encuentran dos cerebros que han contribuido a moldear la Rusia moderna desde la caí­da del comunismo.

Uno de ellos se llama Egor Gaidar, tiene 51 años y fue ministro de Economí­a del primer presidente de Rusia: Boris Yeltsin. Este hombre, que se hizo célebre por haber liquidado la economí­a soviética centralizada, dice estar preocupado porque el Estado va acaparando cada vez más parcelas.

«Visto el nivel de corrupción en Rusia, nada ha demostrado durante los últimos años que la gestión del Estado sea más eficaz que la propiedad privada», declaró Gaidar a la AFP.

El otro hombre clave es Arkadi Dvorkovich. A sus 35 años es el principal asesor económico del presidente ruso Vladimir Putin desde 2004.

Dvorkovich aboga por la creación de empresas estatales gigantescas, en sectores como el aeronáutico, los astilleros o el armamentí­stico. Y quiere concentrar en manos del Estado el sector energético.

Desde su suntuosa oficina, Dvorkovich se explaya sobre su visión de Rusia, bastante contrapuesta a la de Gaidar. «Es importante que estas empresas desempeñen el papel de motor de sectores enteros de la economí­a creando demanda para bienes y servicios que ofrecerá el sector privado», explica a la AFP.

«Ofrecerán innovación y nuevas tecnologí­as» y servirán de «modelo» de gestión para los grupos privados, afirma el consejero, quien hizo sus pinitos en los ministerios de Finanzas y Desarrollo Económico.

Gaidar y Dvorkovich, más allá de sus diferencias ideológicas marcadas, tienen muchas cosas en común, entre otras el haber entrado de jóvenes a las más altas esferas del poder.

Hoy en dí­a el ex ministro Gaidar quiere que «los dirigentes de Rusia aprendan de los errores cometidos por las autoridades soviéticas», que han ignorado la caí­da de los precios mundiales de la energí­a hasta que ya era demasiado tarde.

En este sentido, denuncia la lentitud en la aplicación de reformas durante el segundo mandato de Putin y los peligros de «desestabilización» acarreados por una retórica cada vez más nacionalista, que, a su entender, impregna la polí­tica interior y exterior rusa.

«La polí­tica retórica es más peligrosa. Está vinculada a las ideas de nacionalismo radical, de grandeza nacional, a un sí­ndrome posimperial», dice Gaidar, quien incluso compara Rusia con la Alemania de tiempos de la República de Weimar, que precedió la subida de Adolf Hitler al poder.

En el otro lado de la balanza, Dvorkovich cree en un futuro radiante, en el que las libertades democráticas estarán preservadas, las reservas amasadas con las ventas de los hidrocarburos protegerán la economí­a, la inflación entrará en su cauce y las inversiones rusas partirán a la conquista de los mercados financieros mundiales.

Rusia serí­a, en resumidas cuentas, un «lí­der» tecnológico que podrá decir al mundo: «Vamos a tener éxito pase lo que pase. Si queréis lo podemos hacer juntos. Si no, lo haremos de todos modos», subrayó.

Putin cederá el sillón presidencial a Dmitri Medvedev el de 7 mayo tras ocho años en el poder marcados por un sólido crecimiento.