Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Juventud, nos encontramos ante una nueva oportunidad para llamar la atención sobre el hecho de que el panorama laboral se presenta para los jóvenes de Centroamérica, Panamá y República Dominicana como un gran desafío, en el que tendrán que sortear gran cantidad de obstáculos para encontrar un empleo decente.
Con una población total de aproximadamente 10 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años (27% de la población total), poco más de la mitad económicamente activos (52%), representando una cuarta parte de la fuerza laboral total en la zona, el gran desafío es generar oportunidades de empleos productivos y trabajo decente para cerca de 3,4 millones de jóvenes que enfrentan problemas de desempleo u ocupación precaria (es decir, 3 de cada 10): alrededor de 630 mil desempleados, suponiendo una tasa de desempleo del 12,2%; y 2,8 millones de jóvenes ocupados en actividades vinculadas al sector informal. A ello debe añadirse que cerca de la cuarta parte de los jóvenes de la subregión ni estudia ni trabaja.
Ante este difícil panorama, y la irrupción de la crisis económica mundial, las respuestas políticas de los Gobiernos deben considerar la coyuntura económica desfavorable, y actuar en consecuencia, pero igualmente deben abordar con una perspectiva de largo plazo el tema del empleo juvenil, el cual es un problema estructural de la economía que, en términos generales, no ha sido suficientemente considerado.
Enfrentar este problema es una necesidad inmediata, a causa de la especial vulnerabilidad de la población juvenil en el mercado de trabajo, que puede verse agravada por la actual situación de crisis global. Dicha vulnerabilidad viene dada tanto por las dificultades que encuentran los jóvenes para ingresar en el mercado de trabajo, principalmente debido a su falta de experiencia, como porque los trabajadores jóvenes son los primeros en riesgo de perder sus empleos, al ser los despidos más baratos por su poca antigí¼edad en la empresa, y porque representan una menor pérdida de capital humano que aquellos trabajadores más experimentados.
En este contexto, medidas para regular los incentivos a la contratación juvenil son menos eficaces que aquellas que apoyan e incentivan la permanencia de los jóvenes en la educación y la formación, y que aquellas que apoyen el emprendedurismo.
Señalar que la formación técnica profesional, y en particular los esquemas de formación dual, debe ser también una prioridad entre los planes de empleo.
Asimismo deben destacarse esfuerzos como el que se está realizando por parte del Proyecto Promoción del Empleo Juvenil en América Latina (PREJAL), que apoyado por el Gobierno español y un grupo de empresas españolas, trabaja en diferentes países de América Latina. En concreto, en la Subregión Centroamericana, en Honduras y República Dominicana, trabaja con la meta de sensibilizar y comprometer la inclusión del objetivo empleo juvenil en las políticas y programas públicos, y colaborar en la elaboración de planes de acción para el fomento del empleo de los y las jóvenes.
Igualmente, son de gran relevancia los programas conjuntos en los que participan varias agencias de la Naciones Unidas, denominados «Ventanas de Juventud, Empleo y Migración»» que, con la financiación del Gobierno de España, están empezando a andar entre otros países, en Nicaragua y Costa Rica, con el propósito de crear acceso real a oportunidades de educación, empleo, salud y seguridad migratoria, a jóvenes en situación particular de vulnerabilidad, y contribuir así al logro de los objetivos y metas de Desarrollo del Milenio.
En definitiva, y teniendo como marco la fecha del 12 de agosto, Día Internacional de la Juventud, señalar que el empleo juvenil necesita ser abordado de forma decidida por parte de quienes ostentan las competencias en esta materia – no sólo el Estado, sino también el sector privado, de modo que este periodo actual de crisis se convierta en una oportunidad para incorporar la perspectiva del empleo productivo y el trabajo decente de jóvenes en las políticas nacionales de los países de Centroamérica, Panamá y República Dominicana, sendero para alcanzar sociedades más justas, más cohesionadas y más democráticas.
**Ferreira es Director Adjunto de la Oficina Subregional de la OIT para Centroamérica, Haití, Panamá y República Dominicana; Muela es experto Asociado en Empleo Juvenil del Proyecto PREJAL, Oficina Subregional de la OIT para Centroamérica, Haití, Panamá y República Dominicana