El ejército anunció desde mediados de junio que una gran ofensiva terrestre era inminente contra el líder insurgente y su red en su bastión de Waziristán del Sur, un distrito tribal situado en la frontera de Afganistán.
Las tropas fueron acantonadas alrededor de ese territorio y se enviaron aviones a bombardear la zona, también alcanzada por numerosos disparos de aviones norteamericanos sin piloto.
Sin embargo, la ofensiva terrestre no tuvo lugar, a pesar de que era anunciada como inminente después de los «éxitos» declarados por el ejército en los distritos de Buner, Bajo Dir y Swat (noroeste), donde combate desde fines de abril.
Recientemente, el ejército consideró que había eliminado allí la amenaza terrorista, luego de una ofensiva que obligó a huir a más de dos millones de habitantes.
No obstante, los enfrentamientos mortíferos continúan, alimentando el temor de un regreso de los talibanes, tal como sucedió luego de las anteriores campañas.
El fin de semana pasado, a lo largo de la ruta de Swat, se encontraron tres cadáveres de talibanes que mataron los soldados, según los habitantes.
«El ejército debe consolidar el frente de Swat y mantener la seguridad para que los desplazados puedan regresar», explicó el ex ministro del Interior Hamid Nawaz, quien considera que los militares permanecerán en Swat al menos «hasta el regreso de los civiles». Por ahora, menos del 25% de los civiles regresaron a sus hogares.
El emisario estadounidense Richard Holbrooke, que visitó Islamabad la semana pasada, reconoció que la ofensiva en Waziristán del Sur tuvo que ser postergada, destacando que «la primera prioridad es fotalecer la seguridad en Swat y Buner mientras vuelven los refugiados».
«El norte de Swat no es seguro, y el comando, incluyendo (al jefe de los talibanes de Swat, el Maulana) Falulá, no fue arrestado. Por lo tanto, todavía falta mucho por hacer allá», destacó.
Por otra parte, el ejército y los servicios secretos paquistaníes temen las consecuencias de la amplia ofensiva llevada a cabo por 4.000 militares estadounidenses en Helmand (sur de Afganistán), que según ellos podría incitar a los talibanes a cruzar la frontera y alimentar la insurrección en Baluchistán (sudoeste).
Cuando el ejército Estados Unidos lanzó su operación, Pakistán anunció un redespliegue de sus tropas a lo largo de la frontera afgana para evitar el exilio de los talibanes en esa provincia, ya muy inestable.
Los estadounidenses tienen mucho cuidado, pues no quieren repetir «el error de 2002», cuando dejaron que numerosos talibanes escaparan hacia Pakistán, donde luego reconstituyeron una parte de sus fuerzas, subrayó Holbrooke.
El ejército paquistaní, ocupado en Swat y atento a lo que sucede en Baluchistán, seguramente no irá más allá de los bombardeos aéreos en Waziristán del Sur, opinó el general retirado Talat Masood.
Sobre todo teniendo en cuenta que el ejército «siempre dudó en lanzar una operación a gran escala en ese territorio tribal, rebelde y muy difícil, pues las condiciones son allí muy diferentes de las de Swat», explicó.
El ejército parece menos seguro de la inminencia de la ofensiva que hace un mes. «Nosotros decidiremos lanzarla en el momento en que nos parezca más oportuno», respondió su portavoz, el general Athar Abbas.