El ejército paquistaní­ cerca un feudo talibán para descabezarlo


Una familia paquistaní­ huye de Dera Ismail Khan, luego de que dieran inicio los operativos antitalibanes. FOTO LA HORA: AFP AAMIR QURESHI

El ejército paquistaní­ se proponí­a hoy descabezar un bastión talibán en Waziristán del Sur (noroeste) concentrando en sus inmediaciones tropas listas para tomarlo por asalto con el fin de «agarrar a los jefes».


Un policí­a paquistaní­ ordena las granadas incautadas en un supuesto reducto talibán. FOTO  RIZWAN TABASSUM

En el tercer dí­a de su ofensiva aérea y terrestre, las fuerzas armadas aseguran haber matado a 78 insurgentes desde el sábado, un balance que no es posible verificar mediante una fuente independiente.

Entretanto miles de civiles seguí­an huyendo de las zonas de combate para refugiarse en distritos limí­trofes, principalmente en Dera Ismail Khan, colindante con Waziristán del Sur.

«Los principales blancos son los dirigentes. Esperamos agarrar a los jefes» talibanes, declaró el general Athar Abas, portavoz del ejército, durante una conferencia de prensa hoypor la noche.

Tras haber bombardeado sus refugios durante varios meses, el ejército lanzó en la madrugada del sábado una ofensiva terrestre y aérea que llevaba prometiendo desde junio en este distrito tribal, principal feudo del Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP).

Casi 2.300 personas perdieron la vida en algo más de dos años en Pakistán en una oleada sin precedentes de atentados perpetrados en su mayorí­a por kamikazes del TTP y por grupos afines a él.

«Las fuerzas de seguridad lograron una maniobra de cerco de Kotkai», la ciudad natal del nuevo jefe del TTP, Hakimulá Mehsud, y de Qari Husain, uno de los comandantes más poderosos del movimiento, asegura el ejército en un comunicado.

Los militares tomaron posiciones en un lugar que señorea Kotkai, añade el texto.

Desde agosto, casi 100.000 personas huyeron de Waziristán del Sur, de las cuales al menos 20.000 lo hicieron en los últimos dí­as, según Islamabad y la ONU.

El lunes, en la ciudad de Dera Ismail Khan, seguí­an llegando a pie o hacinadas en coches y camiones, en medio de colchones y gallinas. A su llegada contaban el infierno vivido bajo los bombardeos aéreos, casi diarios desde agosto.

«Decidí­ marcharme cuando los cazas destruyeron la casa de mis vecinos», explica Rahim Dad Mehsud, un agricultor de Tiarza, que dice haber caminado tres dí­as con su familia para salir de Waziristán.

Es de la misma tribu de los Mehsud que los principales jefes del TTP. «No podemos eliminar a los talibanes con una operación militar, las dos partes matan a nuestras familias», asegura.

Al comienzo de octubre los talibanes intensificaron sus ataques, matando a más de 170 personas en doce dí­as. Llegaron al corazón mismo del cuartel general del ejército en los suburbios de Islamabad, forzando a las autoridades a precipitar una ofensiva que los expertos temen que se salde con un desastre.

Y es que estos territorios son muy montañosos y el TTP, que controla aproximadamente la mitad de Waziristán del Sur, tiene entre 10.000 y 12.000 combatientes aguerridos que cuentan con el apoyo de miles de militantes extranjeros y de talibanes afganos. Y podrí­an lograr refuerzos en distritos tribales aledaños.

Por el momento el ejército envió entre 20.000 y 25.000 efectivos a las tierras de Mehsud, según el mando castrense que asegura que hasta 60.000 hombres están preparados para intervenir en la ofensiva.

Estados Unidos estima que Al Qaeda se hizo fuerte en las zonas tribales paquistaní­es donde los talibanes afganos instalaron sus bases con la ayuda de activistas paquistaní­es.

REFUGIOS Zonas tribales


Las zonas tribales del noroeste de Pakistán se han convertido gradualmente, desde el fin del régimen de los talibanes en 2001 en el vecino Afganistán, en nuevo santuario de la red islamista Al Qaeda y base de retaguardia para los talibanes afganos.

Al lanzar el sábado una ofensiva en el distrito de Waziristán del Sur, el ejército paquistaní­ ataca el principal bastión de estos combatientes islamistas.

Se trata de las tribus Mehsud, que reinan en las dos terceras partes de este territorio montañoso e integran esencialmente el mando y las tropas del Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP), principal responsable de la ola de atentados que mató a unas 2.300 personas en todo el paí­s en algo más de dos años.

El Waziristán del Sur es el más meridional de los siete distritos que forman las Zonas Tribales Administradas por el Estado federal (FATA): Bajaur, Jyber, Kurram, Mohmand, Orakzai, Waziristán del Norte y Waziristán del Sur.

Las FATA son limí­trofes de territorios afganos dominados por los talibanes o que enfrentan una fuerte insurrección islamista.

La frontera, ubicada en elevados macizos montañosos, es muy porosa y sus poblaciones -de una y otra parte- son tribus de la etnia pashtún, la de los talibanes afganos y de sus pares paquistaní­es.

Kabul y Washington acusan a los talibanes afganos de poseer bases de retaguardia en las FATA, y aseguran que eso ocurre con la anuencia y la ayuda de algunos elementos de los servicios de información paquistaní­es.

Los cuatro millones de habitantes mayoritariamente pashtunes de las FATA, igual que los de Afganistán, rechazan reconocer la frontera que separa a ambos paí­ses.

Las FATA tienen representantes electos en el Parlamento Federal. Están teóricamente administradas -en las zonas que no están en manos de los rebeldes- por «agentes polí­ticos» bajo la autoridad del presidente de Pakistán.

Pero, salvo si el jefe del Estado impone de forma explí­cita una ley federal, la legislación del resto del paí­s no se aplica en las FATA.

Así­, las FATA son administradas en virtud de un código, el «Frontier Crimes Regulation» redactado en 1901 por los británicos. La justicia y la policí­a dependen de los lí­deres tribales y de los Consejos de Veteranos.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, calificó las FATA de «lugar más peligroso del mundo para los estadounidenses». Washington piensa que la dirección de Al Qaeda, e incluso Osama bin Laden y su adjunto Ayman Al Zawahiri, se esconden ahí­, y que la red ha reconstituido sus centros de entrenamiento tras su fuga de Afganistán a fines de 2001.

Según los expertos, el TTP tiene de 20.000 a 25.000 combatientes en las zonas tribales, de los cuales 10.000 a 12.000 en Waziristán del sur, apoyados por los combatientes extranjeros de Al Qaeda, árabes o procedentes de Asia central.

La población del Waziristán del Sur es de 600.000 personas.

IRíN Acusaciones


Irán acusó a Estados Unidos, a Gran Bretaña y a Pakistán de ayudar a los rebeldes sunitas que considera responsables del atentado que el domingo causó 42 muertos, entre ellos varios comandantes de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico del régimen.

Irán pedirá a Pakistán que extradite a Abdolmalek Righi, lí­der del grupo rebelde sunita Jundalá («soldados de Dios»), declaró hoy el general Mohammad Alí­ Jafari, el jefe de los Guardianes de la Revolución, la leal guardia de la República Islámica y de su guí­a supremo.

Por su parte, el presidente iraní­ Mahmud Ahmadinejad pidió durante una conversación telefónica con su homólogo paquistaní­ Asif Ali Zardari cooperación para luchar contra los «terroristas», informó la agencia oficial Irna.

«Irán y Pakistán tienen relaciones fraternales pero la presencia de elementos terroristas en Pakistán es inaceptable y el gobierno paquistaní­ debe aportar su ayuda para que los criminales sean detenidos lo más rápidamente posible y sancionados», declaró Ahmadinejad.

Irán afirma que los miembros de Jundalá encuentran refugio en Pakistán y se infiltran en Irán a partir del territorio paquistaní­ para llevar a cabo sus operaciones.

Abdolmalek Righi reivindicó la responsabilidad del ataque, habí­a afirmado el domingo el fiscal general de Zahedan, capital de la provincia de Sistán-Baluchistán.

«Hoy, un servicio de inteligencia del paí­s nos ha presentado una nueva prueba que demuestra que el grupo abominable de Abdolmalek Righi tiene lazos directos con los servicios de inteligencia estadounidense, británico y desgraciadamente paquistaní­», declaró el general Jafari, citado por la agencia Isna.

«Sin ninguna duda, este individuo actúa por orden de estos servicios», aseguró, afirmando que responsables iraní­es viajarán próximamente a Pakistán «para mostrar estos nuevos documentos».

Irán ya habí­a acusado el domingo a Estados Unidos y a Gran Bretaña de implicación en el atentado.

El comandante del ejército de tierra de los Guardianes de la Revolución, el general Mohammad Pakpur, habí­a afirmado que los miembros del Jundalá están «entrenados y equipados» por los servicios secretos estadounidenses y británicos.

Washington condenó el atentado el domingo y negó cualquier implicación en él.

El ministerio británico de Relaciones Exteriores también negó este lunes «en los términos más enérgicos cualquier afirmación de que este ataque tiene algo que ver con Gran Bretaña».

En el atentado suicida del domingo murieron siete comandantes de los Guardianes de la Revolución, entre ellos dos generales: Nur Alí­ Shushtari y Rajab Ali Mohammad Zadeh.

El grupo Jundalá ha multiplicado en los últimos años las acciones armadas cada vez más espectaculares en Sistán-Baluchistán, provincia situada en la frontera con Pakistán y Afganistán.

Abdolmalek Righi dirige este grupo rebelde sunita que reclama una mayor autonomí­a para la región.

Las autoridades iraní­es acusan a Jundalá de ser extremistas sunitas, apoyados por los servicios secretos estadounidenses y británicos y por agentes paquistaní­es con el objetivo de desestabilizar el poder central.

El presidente ruso Dimitri Medvedev envió el lunes una carta de condolencias a Ahmadinejad en la que propone a Irán la ayuda de Rusia en la lucha contra el «terrorismo».