Ante la incapacidad y los fuertes niveles de corrupción que existen en la policía civil hay que sacar al Ejército a las calles para enfrentar el problema de la delincuencia. Esta es una de las demandas que algunos sectores de la sociedad están planteando al gobierno del presidente Colom, a efecto de contrarrestar las descomunales embestidas de la violencia, pues como dice un estimado amigo, tal parece que los demonios andan sueltos por todas partes.
Anoche a través de uno de los noticieros de la televisión abierta, tuvimos la oportunidad de escuchar las declaraciones que el vicepresidente de la República, doctor Rafael Espada formulaba a propósito del tema del impresionante aumento de la criminalidad, que hoy por hoy tiene de rodillas a la sociedad guatemalteca.
El alto funcionario de gobierno hizo algunas reflexiones que evidencian su visión futurista acerca de esta problemática, señalando que si no se atiende el problema social, una de cuyas manifestaciones más lacerantes es la cruda pobreza que actualmente agobia a grandes segmentos de la sociedad, aunque salga a las calles el ejército más poderoso y mejor entrenado, el fenómeno de la delincuencia seguirá latente por tiempo indefinido.
La apreciación del doctor Espada es correcta, pero difícil de comprender en un momento en el cual el ciudadano de a pie vive horrorizado por los constantes peligros de asaltos a las camionetas o asesinatos que se producen a diario en la capital y los departamentos.
El desafío no es simplemente contar con más policías, soldados o patrullas, pues ello es coyuntural. La acción represiva sólo hace frente a los efectos de la delincuencia en un momento determinado, pero sin llegar a las raíces del problema que se ubican en la desigualdad social, en la pobreza, el desempleo y otros males exacerbados por el neoliberalismo o etapa salvaje del capitalismo, que sin duda ha llegado a la fase de su agonía. La quiebra de bancos y grandes empresas en Estados Unidos y los miles de despidos que se están produciendo a diario en ese país, son una clara expresión que el sistema capitalista está en coma.
Los pronósticos que hacen los analistas internacionales apuntan a que los efectos de la crisis van a ser muy groseros en Centroamérica. Hay que detener con firmeza la barbarie del capitalismo de dejar hacer y dejar pasar, en que la economía de libre mercado se ha convertido en una economía de libre robo. Por ejemplo, se debe frenar la especulación en el sector de los combustibles y de los alimentos, así como poner un alto a los constantes abusos de algunos bancos que con toda impunidad despojan de sus ahorros a los cuentahabientes cuando mantienen promedios de menor cuantía.