El sábado el presidente de los Estados Unidos participó en un encuentro con ciudadanos en el Estado de Colorado para explicar y defender su iniciativa del plan de reforma al sistema de salud. Enfrentó preguntas muy directas y cuestionamientos concretos, lo que permitió ver que la reunión no estaba arreglada ni se filtraban las preguntas como se hace en el programa Despacho Presidencial que los miércoles realiza nuestro mandatario Colom para hablar de temas de gobierno.
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Es sabido que sobre la reforma al sistema de salud de los Estados Unidos se ha orquestado evidentemente una reacción virulenta de sectores muy conservadores que participan en las reuniones municipales con el único propósito de atacar y hasta insultar a los que promueven la reforma que incluye la cobertura universal para los ciudadanos norteamericanos. En pocas palabras, la intención del Gobierno es permitir que los millones de familias que hoy en día no poseen seguro de salud y no califican para tenerlo, puedan gozar de ese servicio y al mismo tiempo crear una competencia importante a las aseguradoras privadas que hoy en día rigen el modelo y que imponen sus condiciones.
Me llamó la atención que el presidente Obama expresó en alguna de sus respuestas que la idea de su iniciativa puede compararse con lo que ocurre con el correo. Nadie niega que Fedex y UPS sean empresas privadas eficientes que prestan un buen servicio, dijo el Presidente, pero compiten con el Servicio Postal de los Estados Unidos que es estatal y constituye un ejemplo en cuanto a eficiencia y precio, lo que sirve de moderador para que las empresas privadas puedan competir sin saltarse las trancas.
Justamente mi tesis cuando se hablaba de la privatización de Guatel y la necesidad de permitir que empresas privadas ofrecieran servicios de telefonía era la de autorizarles operar, pero que compitieran con la empresa estatal que tendría que mejorar su rendimiento si quería subsistir. Así como el US Postal Service, que tuvo momentos de verdadera crisis que obligaron a la creación de los servicios privados que hoy funcionan con eficacia, nuestra empresa telefónica tendría que haberse reconvertido para competir con proveedores privados y esa competencia hubiera permitido por lo menos disponer de términos de referencia para establecer precios y tarifas.
Pues Obama dice que ahora se proponen crear un régimen de seguros en salud que compita con las grandes aseguradoras que ofrecen servicio en Estados Unidos y que no serán desplazadas por la aprobación del nuevo sistema. En otras palabras, lo que se plantea es que exista una abierta competencia que al final sea beneficiosa para el consumidor porque de ello dependerá la calidad y precio del servicio. Entre las empresas privadas generalmente existen acuerdos para establecer rangos de tarifa dentro de los que operan con buenas ganancias y sin que el punto de vista del consumidor sea importante. Pero si se puede contrastar el precio de un servicio ofrecido por empresas privadas con lo que cobra una empresa pública, se plantea un parangón que juega un papel importante en la fijación de precios.
Pero ocurre que los que más hablan de la competencia son los que menos la quieren practicar y siempre encuentran pretextos para impedir que se les plantee un parámetro que los obligue a ser eficientes y a manejar precios razonables.