Ya sea Barack Obama o John McCain, el próximo presidente de Estados Unidos deberá negociar con Irán, Corea del Norte y otros regímenes considerados anti-norteamericanos, incluso con reticencias, según analistas.
Esto es evidente desde que el presidente saliente, George W. Bush, debilitado por la guerra en Irak, rompió él mismo el tabú que había creado en 2002 al ubicar a Irak, Irán y Corea del Norte en un «eje del mal». La estrategia era ejercer sobre estos regímenes presiones políticas, económicas e incluso militares hasta que se derrumbaran.
«La verdad, es que el rechazo de la administración Bush a negociar con estos regímenes hostiles ya es cosa del pasado», dice Peter Beinart, analista del Council on Foreign Relations. La actual administración «está negociando. McCain negociará, Obama negociará», agrega.
La única diferencia entre los dos candidatos es el nivel al cual están dispuestos a negociar: Obama busca instintivamente dialogar con los líderes de países como Irán, Corea del Norte, Siria, Cuba y Venezuela, propuesta que McCain considera ingenua.
El candidato demócrata, que espera convertirse en el primer presidente negro de Estados Unidos, anunció su intención de liberarse de la «trampa» que representa el rechazo de Bush a dialogar con los «dirigentes que no nos gustan».
Su rival republicano acusó a su vez a Obama de «proponer cumbres presidenciales a los peores dictadores del mundo», señal a su juicio de una peligrosa ingenuidad y de una falta de experiencia en materia de política extranjera. McCain se cuidó sin embargo de rechazar cualquier contacto con los enemigos de Estados Unidos. «Sin dejar se ser favorable a una sólida diplomacia con nuestros aliados y nuestros adversarios, él no se precipitaría para ofrecer el prestigio de una cumbre sin condiciones a los peores dictadores del mundo», indica su sitio de campaña.
Para Thomas Carothers, analista del Carnegie Endowment for International Peace, McCain es un negociador «vacilante», un pragmático que sin embargo tiene una «propensión» a defender ideas neo-conservadoras.
Por su parte, Peter Beinart aguarda divisiones en el seno de una administración McCain, como fue el caso durante el segundo mandato de Bush, sobre la utilidad de negociar con Irán, Siria o Corea del Norte. Con Obama, «habría un consenso más importante en el seno de la administración a favor» de tales negociaciones, agrega.
Ambos estiman que Obama será más favorable que McCain a negociaciones de paz entre Israel y Siria.
En cuanto a Cuba y Venezuela, las dos bestias negras de Washington en América Latina, Thomas Carothers señala que Obama, que se mostró más abierto al diálogo que McCain, corre el riesgo de chocar con la oposición de la comunidad estadounidense de origen cubano. Si debe elegir, es probable que esté más inclinado a arriesgar su «capital político» sobre Irán, un dossier estratégicamente más sensible, que sobre Cuba, agrega el analista del Carnegie Endowment.
Un sondeo publicado en septiembre mostraba que la mayoría de los norteamericanos era favorable a la apertura de un diálogo con los gobiernos de Cuba, Corea del Norte, Irán y Birmania, así como los movimientos islamistas Hamas y Hezbolá. Pero según los analistas consultados, es poco probable que McCain u Obama dialoguen directamente con los grupos islamistas, a los que Estados Unidos califica de terroristas.