Como lo señalara el viernes anterior, de forma contradictoria Jorge Briz Abularach quiere obtener la intervención forzada en el valor del quetzal con respecto al dólar y esto no le será apoyado por el sector agrícola, industrial, financiero o bancario.
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Podría ser que otra fuera la situación si antes el sector comercial y especialmente Jorge Briz, cuando fue miembro de la Junta Monetaria, hubiera abogado porque el cambio en la moneda fuera lo más sincero posible. Tristemente, cuando debió hacerlo y podía influir, no lo hizo.
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El dólar apreciado le conviene a los agricultores, ello significa que la mano de obra, que es su principal insumo la paga en quetzales depreciados lo que le otorga mayor rentabilidad, mayores utilidades en todo lo que vende. Esas mismas razones son las que motivan a los industriales que de esa manera pueden exportar más productos maquilados o semiindustriales a Centroamérica y al resto del mundo.
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Al sector financiero o bancario le beneficia, son ellos sin ninguna limitación los que determinan a cuánto compran las remesas familiares y los dólares que les llegan de las importaciones y a cuánto los venden. Más evidente no puede ser la ventaja, lo cual quedó perfectamente ilustrada en la curva a todo color que un medio de comunicación social impreso publicó en su tercera página el jueves seis de agosto, donde informa que ese día había bancos que compraban a Q8.19 un dólar y lo vendían a Q8.27, pero había otro banco, lo compraba a Q8.11 y lo vendía a Q8.31. Este último banco, por ser más grande, tenía más probabilidades de comprar y de vender que el banco que mejor tasas ofrecía.
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En la cúpula empresarial, en la junta directiva de CACIF todos son «amigos» hasta que a un sector o a un grupo de la cúpula en lo particular se le toca la bolsa, en ese momento termina la «amistad». El presidente de la Cámara de Comercio, como político que es, sabe de antemano que salvo a llamar la atención, no va a lograr mayor cosa, ninguno de los otros sectores va a estar dispuesto a que le afecten sus intereses económicos.
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El problema de la desvalorización de nuestra moneda a quien más afecta es al sector laboral, sea éste formal o informal empobrece. A los millones de guatemaltecos que viven y dependen de los salarios que sus padres reciben, por ello el gobierno, especialmente el presidente de la República y el Ministro de Trabajo, en el Ejecutivo, y la totalidad de diputados en el Legislativo, tienen que recordar, aceptar que la única manera de compensar en parte la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda es actualizando la bonificación salarial, reajustando y actualizando los salarios mínimos, no hacerlo es injusto y evidencia falta de sensibilidad social, especialmente en ellos que fueron electos para servir al pueblo.
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También afecta significativamente a las reservas técnicas propiedad de los trabajadores afiliados al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS, y confirma que el seguro social no debería de mantener el ciento por ciento de esas reservas en quetzales depositados en el sistema bancario nacional, sino que una buena parte de esos recursos debería de adquirirlos en bonos en dólares, en Bonos del Tesoro del gobierno de los Estados Unidos a través del Banco de Guatemala
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Igualmente evidencia que se debe modificar la ley del IGSS para que éste invierta parte de esas reservas en acciones de servicios públicos telefónicos, eléctricos y agua potable como se hace en Europa y demás países desarrollados. «Una cosa es predicar y otra cosa es creer lo que se predica».