En los últimos días hemos visto y oído a los principales políticos de Guatemala, tanto recién estrenados en el poder como los que han quedado en la oposición, del Organismo Ejecutivo, del Legislativo y de los municipios, haciendo gala de sus mejores discursos, propuestas y hasta “puestas en escena.”
Algunos amigos me han consultado si algunas de estas acciones, no son exagerados mecanismos solo para lograr espacios en los medios de comunicación. Les respondo que no, pues cada palabra que los políticos emiten, cada acto público que los funcionarios de gobierno o los líderes de la oposición han hecho en este primer mes de la nueva administración, es solo el inicio de la próxima campaña política. ¿Tan temprano? Sí. Recordemos lo que afirma el semiotista Eliseo Verón: “La enunciación política parece inseparable de la construcción de un adversario”
Esto tiene varias implicancias, porque desde el discurso de toma de posesión, hasta la última palabra emitida anoche por el Presidente de la República, por ejemplo, ha sido diseñados sobre la base de construir a sus principales adversarios: la oposición política que se define claramente como los miembros del LIDER y la UNE. De igual forma, las declaraciones y actitudes del presidente del Congreso, similar caso con los alcaldes de todo el país y por supuesto, el discurso de los diputados tratando de que les den la palabra en el hemiciclo… y usando sus megáfonos para protestar.
Esto no es simplemente un show montado para ese día, es parte de una escena que ya hemos vivido los guatemaltecos y que se antoja -como nada más- un preludio de lo que veremos y escucharemos. De estas prácticas, habrá muchas durante estos próximos meses y años. Unos que quieren y no pueden, otros que tienen el poder y lo utilizan a su favor. Ilusos seríamos si pensáramos que podría ser de otra forma. Son las reglas del juego. En Guate se dice que “el que tiene más garganta, traga más pinol”, un refrán que vengo oyendo desde niño… que no me gusta, pero que retrata de cuerpo entero a los guatemaltecos. Exactamente como chofer de tuc-tuc que se meten por todos lados, no importando contra la vía… y te salen por donde menos te los esperas.
El hecho de que la política sea de esa forma, es porque los discursos políticos se manejan pensando en tres destinarios, según Verón. Uno es el destinatario positivo: el amigo, el fiel seguidor, el votante. Otro es el destinatario negativo: el adversario, el crítico, el no simpatizante. Y el otro el destinatario neutro, es aquel que “ni fu, ni fa”. A quien no votó contra ti, pero que podría votar a favor tuyo. Verón también les llama, al primero, el prodestinatario; al segundo, contradestinatario, y al tercero, paradestinatario. Estos tres grupos tienen que ver con las creencias y valores, en el caso político, son quienes te siguen, creen en ti, tienen tus mismos valores. O aquel que no cree en ti, no comparte ni valores ni te seguirá nunca. Pero, el que ni cree, pero tampoco deja de creer, no le importaría –en algún momento- votar por tu partido o por quien designes para sucederte en el poder.
Pues bien, desde el momento que el político (de Guatemala o de la República Checa) decide hablar ante la prensa, que no les extrañe que les hable a estos tres destinatarios. Está pensando en este trío, a la vez. Pero, en todo caso, el político siempre estará pensando en construir a ese adversario político que sabe que dentro de cuatro años, menos un mes, podría estar tomando el poder, tras una elección general… y él quisiera que fuera alguien de su grupo partidario.
El discurso político deberá apegarse, en tanto, a dos estrategias: una, utilizando mecanismos que apelen a la razón de la ciudadanía, explicando correcta y claramente su posición; o, dos, manipulando sentimientos o ansiedades de la población, sin el uso de argumentos verídicos, creando fantasmas, haciendo piruetas propagandísticas para que le crean. Esto último es lo que hacen los políticos tradicionales, creando miedos, espantando a la ciudadanía con el petate del muerto y, lo terrible, es se puede hacer con una enorme sutileza o de manera burda y sin arte. Pero siempre pensando la construcción (o destrucción) de ese adversario y en esos tres destinatarios que hablamos.