El discurso del Papa Benedicto XVI


Mi buen y querido amigo, el Nuncio Apostólico de Su Santidad, monseñor Bruno Musaró, tuvo la gentileza de enviarme el texto completo del discurso pronunciado por Su Santidad el Papa en Brasil en la Sesión Inaugural de los Trabajos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, luego del editorial de La Hora referente a lo dicho por el Papa respecto a la evangelización iniciada hace cinco siglos en nuestro Continente. El editorial estuvo basado en cables de las agencias internacionales de prensa y siempre es bueno tener a mano el documento textual.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

El párrafo que dio lugar a los cables de prensa y, por supuesto al editorial es de los primeros del discurso y está en el contexto del enfoque que el Pontí­fice hace de la fe cristiana en América Latina y dice así­: «Pero, ¿qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y del Caribe? Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente. Ha significado también haber recibido, con las aguas del bautismo, la vida divina que los hizo hijos de Dios por adopción; haber recibido, además, el Espí­ritu Santo que ha venido a fecundar sus culturas, purificándolas y desarrollando los numerosos gérmenes y semillas que el Verbo encarnado habí­a puesto en ellas, orientándolas así­ por los caminos del Evangelio. En efecto, el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña. Las auténticas culturas no están cerradas en sí­ mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan alcanzar la universalidad en el encuentro y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que puedan llevar a una nueva sí­ntesis en la que se respete siempre la diversidad de las expresiones y de su realización cultural concreta.»

Decir que sus culturas fueron purificadas por la evangelización implica que eran impuras previamente y pienso que es inexacto histórica y sociológicamente decir que no hubo imposición de una cultura extraña. Puede haber debate filosófico sobre el carácter de la universalidad de las culturas, pero es indudable que en el proceso de evangelización no hubo respeto a la diversidad de expresiones ni de su realización cultural concreta. Creo que toda la enorme riqueza que ofrece el texto completo del discurso del Papa se empaña por este párrafo que, indudablemente, trata de minimizar el impacto que tuvo no solo la enseñanza del Evangelio a sangre y fuego, sino que las consecuencias de las prácticas de la Inquisición en contra de quienes mantuvieron vivas sus creencias y las expresaron públicamente.

Negar los hechos nunca ha sido un buen camino para resolver problemas y creo que es desafortunada la expresión de ese párrafo del Pontí­fice. Me gustó mucho el resto del discurso porque contiene valoraciones profundas sobre temas que me apasionan, como la justicia social y la necesidad de implementar estructuras sociales basadas en el concepto elemental de justicia, pero creo, como se dijo en el editorial, que la consecuencia de este discurso será como la tonterí­a española cuando quisieron conmemorar los 500 años de la conquista. El tiro les salió por la culata porque generaron una toma de conciencia de la población indí­gena y lo mismo ocurrirá a partir de la desafortunada visión del Papa del «anuncio del Evangelio».