Compartiendo opiniones y análisis con diferentes amigos y colegas, observando las noticias televisivas internacionales y locales sobre todo lo acontecido en los últimos 15 días en Guatemala, pensando en la patria que todo ciudadano bien nacido aspira a que exista y podamos legar a nuestros hijos y a nuestros nietos, deberíamos preguntarnos a quién pertenece Guatemala, a quién le importa nuestro país y cuál es la nación que aspiramos o merecemos tener.
jfrlguate@yahoo.com
¿Será que algunas personas que militan activamente en el Congreso, en los partidos políticos, en la cúpula económica o en los medios de comunicación social, sólo ven su interés particular y dicen «después de mí, el diluvio»?
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Los hechos, las circunstancias y la forma en que se han expresado públicamente conocidas personas, hacen que los más viejos, que los que más hemos vivido, que los que continuamos aspirando a un Estado de Derecho, una patria para todos y de todos, nos preguntemos si no merecemos, si no estamos buscando que en Guatemala se produzca un diluvio y en él perezcan los hombres como un castigo por sus acciones y por sus omisiones y así los «nephilimes» que han creado y engendrado los ángeles del liberalismo por una parte y por la otra, las condiciones que no han sido capaces de lograr los partidos políticos y sus dirigentes, justifiquen que Yahvé Elohim al no encontrar más que maldad decida permitir que en nuestro país se presente ese cúmulo de acontecimientos y circunstancias que obligue un diluvio chapín.
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Qué es lo que verdaderamente buscan los unos y los otros, cómo comprender mucho menos justificar, que la mayoría de los aspirantes en la futura próxima elección a la Presidencia de la República se expresen de la manera en que lo han hecho; cómo aceptar, excusar que quienes están en el Congreso de la República y logran el espacio en los medios de comunicación social no busquen una solución sino sólo les preocupe su figuración y que estén dispuestos a decir y hacer cualquier cosa con tal de aparecer y llamar la atención.
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Es tan grande el enfrentamiento, tan desmedidas las reacciones que no vemos cómo pueda justificarse o impedirse que no continúe el deterioro en todos los aspectos sociales, económicos y políticos de nuestro país. Será que el diluvio que estamos propiciando se convertirá en una pandemia nacional y que ello sea lo que pretende la cúpula económica, el CACIF y los que bailan alrededor de su orquesta. Por otra parte, acaso no comprende el partido de gobierno y sus líderes, especialmente el Presidente y quienes le rodean que independientemente de lo que hayan hecho o no, lo que podrán hacer en el futuro es prácticamente sólo sobrevivir. Cómo podemos pretender que Guatemala no la superen los países centroamericanos y que la única nación con la que podamos decir que comparativamente nos encontramos mejor es Haití.
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Ante ese eminente diluvio, dónde está Noé. Es decir, dónde está el líder, el movimiento que pueda tener la capacidad y la credibilidad para detener el deterioro y el posible enfrentamiento que cada vez se radicaliza más entre los guatemaltecos.
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La capital donde habita más de una cuarta parte de la población está conmocionada y cualquier persona que llame a la reflexión, al análisis objetivo es inmediatamente calificada que está a favor o en contra de cualquiera de los dos polos en los que se ha convertido la opinión en el departamento de Guatemala.Â
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Ante la incapacidad pidámosle al Altísimo que se apiade de nosotros y nos dé la posibilidad de continuar existiendo como país y como sociedad.