¿El diluvio?


Compartiendo opiniones y análisis con diferentes amigos y colegas, observando las noticias televisivas internacionales y locales sobre todo lo acontecido en los últimos 15 dí­as en Guatemala, pensando en la patria que todo ciudadano bien nacido aspira a que exista y podamos legar a nuestros hijos y a nuestros nietos, deberí­amos preguntarnos a quién pertenece Guatemala, a quién le importa nuestro paí­s y cuál es la nación que aspiramos o merecemos tener.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

¿Será que algunas personas que militan activamente en el Congreso, en los partidos polí­ticos, en la cúpula económica o en los medios de comunicación social, sólo ven su interés particular y dicen «después de mí­, el diluvio»?

 

Los hechos, las circunstancias y la forma en que se han expresado públicamente conocidas personas, hacen que los más viejos, que los que más hemos vivido, que los que continuamos aspirando a un Estado de Derecho, una patria para todos y de todos, nos preguntemos si no merecemos, si no estamos buscando que en Guatemala se produzca un diluvio y en él perezcan los hombres como un castigo por sus acciones y por sus omisiones y así­ los «nephilimes» que han creado y engendrado los ángeles del liberalismo  por una parte y por la otra, las condiciones que no han sido capaces de lograr los partidos polí­ticos y sus dirigentes, justifiquen que Yahvé Elohim al no encontrar más que maldad decida permitir que en nuestro paí­s se presente ese cúmulo de acontecimientos y circunstancias que obligue un diluvio chapí­n.

 

Qué es lo que verdaderamente buscan los unos y los otros, cómo comprender mucho menos justificar, que la mayorí­a de los aspirantes en la futura próxima elección a la Presidencia de la República se expresen de la manera en que lo han hecho; cómo aceptar, excusar que quienes están en el Congreso de la República y logran el espacio en los medios de comunicación social no busquen una solución sino sólo les preocupe su figuración y que estén dispuestos a decir y hacer cualquier cosa con tal de aparecer y llamar la atención.

 

Es tan grande el enfrentamiento, tan desmedidas las reacciones que no vemos cómo pueda justificarse o impedirse que no continúe el deterioro en todos los aspectos sociales, económicos y polí­ticos de nuestro paí­s. Será que el diluvio que estamos propiciando se convertirá en una pandemia nacional y que ello sea lo que pretende la cúpula económica, el CACIF y los que bailan alrededor de su orquesta. Por otra parte, acaso no comprende el partido de gobierno y sus lí­deres, especialmente el Presidente y quienes le rodean que independientemente de lo que hayan hecho o no, lo que podrán hacer en el futuro es prácticamente sólo sobrevivir. Cómo podemos pretender que Guatemala no la superen los paí­ses centroamericanos y que la única nación con la que podamos decir que comparativamente nos encontramos mejor es Haití­.

 

Ante ese eminente diluvio, dónde está Noé. Es decir, dónde está el lí­der, el movimiento que pueda tener la capacidad y la credibilidad para detener el deterioro y el posible enfrentamiento que cada vez se radicaliza más entre los guatemaltecos.

 

La capital donde habita más de una cuarta parte de la población está conmocionada y cualquier persona que llame a la reflexión, al análisis objetivo es inmediatamente calificada que está a favor o en contra de cualquiera de los dos polos en los que se ha convertido la opinión en el departamento de Guatemala. 

 

Ante la incapacidad pidámosle al Altí­simo que se apiade de nosotros y nos dé la posibilidad de continuar existiendo como paí­s y como sociedad.