El dilema de Francia


Francia se ve confrontada al dilema de defender sus intereses nacionales en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en particular en el terreno de la agricultura, o a asumir su deber de favorecer el consenso mientras ocupa la presidencia de la Unión Europea.


«Es una posición muy delicada, difí­cil para los franceses», reconoció una fuente allegada a las negociaciones de la OMC.

Los problemas se hicieron presentes desde el primer dí­a de la presidencia francesa de la UE, el 1 de julio, cuando el presidente francés Nicolas Sarkozy acusó al negociador europeo ante la OMC, Peter Mandelson, de sacrificar la producción agrí­cola «ante el altar del liberalismo mundial», sin haber obtenido mucho a cambio.

Mandelson replicó que estos ataques debilitaban su posición de negociador «en un momento muy, muy crucial» de estas transacciones, cuando se inicia el lunes en Ginebra una reunión ministerial de las principales potencias comerciales para tratar de concluir las difí­ciles negociaciones de la Ronda de Doha.

La posición defensiva de Francia no es una novedad, comparada con la de los paí­ses de tradición liberal como Gran Bretaña.

«No pienso que haya sorprendido a nadie, salvo por la intensidad de las declaraciones», destacó Stefan Tangermann, director para la agricultura y el comercio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Para Tangermann, Parí­s puede influir en las negociaciones al sugerir que la UE «quizás no sea tan flexible como desearí­an otros paí­ses de la OMC» y que quiere «ver a su interlocutores hacer concesiones equivalentes a las suyas».

Philippe Hugon, profesor de Economí­a de la Universidad de Nanterre, considera relativo «el margen de maniobra de Francia, dado que la UE habla con una sola voz en la OMC».

Aunque la búsqueda de un consenso europeo forma parte del papel de quien preside la UE, por el momento un acuerdo parece lejano, en particular sobre el tema industrial, donde los paí­ses ricos acusan a los paí­ses emergentes de no abrir suficientemente sus mercados.

El 10 de julio, Sarkozy afirmó que el campo europeo es «unánime (…) al afirmar que en la situación actual no están dadas las condiciones» para un acuerdo en la OMC.

«Enfrentamos grandes dificultades para terminar la Ronda de Doha. Las negociaciones han cambiado de naturaleza. Se está ahora en un mundo multipolar, con grandes paí­ses emergentes como China e India que tienen intereses diferentes respecto a un cierto número de temas», destacó Hugon.

Philippe Chalmin, profesor de Economí­a en la Universidad de Parí­s Dauphine, consideró que «por una vez Francia tiene razón» y que Mandelson, determinado a «cerrar la Ronda de Doha antes de terminar su mandato», cedió mucho terreno en la agricultura sin obtener concesiones equivalentes en los servicios y los productos industriales.

Incluso espera que no haya acuerdo en Ginebra la semana próxima y que las negociaciones sean congeladas hasta que que asuma el próximo gobierno estadounidense.

Si esto no sucede «será un timo», consideró, pues el próximo gobierno estadounidense no se sentirá obligado a cumplir las promesas realizadas por el gobierno saliente. Además, el Congreso no tendrí­a la voluntad de dar marcha atrás a su reciente adopción de una ley agrí­cola (Farm Bill) denunciada como proteccionista por los socios comerciales de Washington.