El dictador de la esquina


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No todos se dan cuenta de la magnitud de su momentáneo poder. No se alcanza a entender la supuesta grandeza que le envuelve en la esquina. Confunde con sus decisiones, muchas de estas hasta contradictorias con lo que se esperaría encontrar en esa esquina. Pero cuando aparece todo reclamo se ve opacado. Su presencia se hace implacable y hay que aguantarle.

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com

 


Quejarse solo se traducirá en más y más arrogancia del dictador de la esquina. Como fiel reflejo de su conducta autoritaria se esconde tras un uniforme. El dictador de la esquina se impone, generalmente al inicio y al final de cada jornada laboral.

El apreciable lector habrá podido percatarse que este dictador (o dictadora) de la esquina es la persona que se impone contraviniendo muchas veces de manera totalmente absurda al conjunto de semáforos que en otros horarios pretenden ordenar el tráfico vehicular de una ciudad que se asfixia por el incesante incremento del parque vehicular y la reducida ampliación de la red vial del municipio de Guatemala y los municipios circundantes. La gran cantidad de carros en horas de la mañana y al final de las jornadas laborales hace inoperantes los semáforos. Y no los apagan, siguen con sus intermitentes luces confundiendo a los automovilistas y el implacable dictador de la esquina dirigiendo cual autómata el tránsito en un sentido en deterioro de otro u otros sentidos.

¿Es necesaria la presencia en forma dictatorial? No. Hace falta incentivar la educación vial. Hace falta estimular una adecuada cultura del conductor, de los peatones, de los conductores de los vehículos de transporte colectivo. De todos los usuarios de las calles, avenidas y bulevares de la ciudad y en los ingresos-egresos de ésta hacia las otras jurisdicciones municipales adyacentes. Hace falta regular y señalizar paradas únicas del transporte colectivo. La conducta dictatorial solo enardece, innecesariamente, al usuario de la red vial de la capital. Se han emprendido múltiples ensayos. El aprendizaje es eso: ensayo-error-corrección. Pero no se emprenden acciones sistémicas. Los semáforos por ejemplo están dispuestos a todo lo largo de múltiples esquinas, pero carecen de sincronización. El Centro Histórico es el mejor ejemplo de la ausencia de una estructura montada en forma de red, pues en la práctica cada torrecilla verde se desempeña en su esquina aislada de la otra. ¡De todas las otras!

Se han montado estructuras que nos anuncian en sus contadores digitales que hay tantos segundos para atravesar tal cruce. Pero de pronto aparece el dictador de la esquina (y si la esquina es muy ancha, no es uno, son varios) que irrumpe y anula la intermitencia de las luces y burla el contador del tiempo restante para cruzar el referido punto. Si usted se dirige en el sentido que favorece el momentáneo dictador de la esquina, se sentirá agradecido. Pero si usted está en el otro sentido, usted sentirá como eternos los minutos que le impiden llegar a su destino. Así es la dictadura. Beneficia a unos y castiga a los otros en forma desigual.

La regulación del tráfico vehicular presupone que en efecto habrá de privilegiar las rutas de desfogue (en su ingreso o egreso, según el horario que corresponda); sin embargo, debe emplearse la infraestructura existente y no únicamente dejar que el desempeño de los agentes de las empresas municipales reguladoras del tránsito se comporten como el “dictador de la esquina”. Un “dictador” que a veces se esconde tras el poste que sostiene el semáforo, para activar a su juicio, la intermitencia de las luces de éste. El responsable directo es el jefe de esa autoridad municipal reguladora de tránsito del municipio que se trate. Pero el gran responsable es el Alcalde Municipal. No debe olvidar entonces, el Alcalde, que el Agente se constituye en la representación de la autoridad del gobierno local y que lo que muchas veces se refleja con su actuar es la arrogancia dictatorial de alguien que hace su trabajo sin el compromiso de servicio a todos los usuarios en esos puntos críticos de ingreso o egreso a los centros urbanos de las respectivas jurisdicciones municipales. Ese agente se torna en el representante momentáneo del Alcalde Municipal. Entonces no es dable que se manifieste como el “dictador de la esquina”, pues esa imagen no solo deteriora la de su jefe superior, sino que no necesariamente favorece la fluidez del tránsito vehicular.