«…porque la ONU y la OEA solamente pueden llevarnos a una peligrosa «balcanización» de la región y alentar los abusos del tirano Hugo Chávez y sus títeres del ALBA…»
Gustavo Díaz, en opinión de los lectores de elPeriódico
Un fantasma (de un muerto bien enterrado según algunos, luego de la caída del Muro de Berlín) recorre algunos países de América Latina, y le ha puesto los pelos de punta a los grupos más tradicionales de la región: el espectro del Socialismo del Siglo XXI, acompañado por la «terrorífica» Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) y el «espantoso» acuerdo de Petrocaribe. Contra este fantasma se han conjurado en santa jauría todas las oligarquías que apoyaron los golpes de Estado y gobiernos militares en América Latina y varios medios de comunicación; los mismos grupos que recién apoyaron el golpe militar en Honduras.
ricardomarroquin@gmail.com
No hay un solo gobierno latinoamericano que proponga políticas alternativas al capitalismo más duro o agrupación social que insista en la necesidad de asumirnos como ciudadanos, que las élites económicas no los tachen de «amigos» de Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales o Cristina Fernández (cómo si tal cosa fuera algo verdaderamente grave), y no motejen de comunista o socialista (cómo si no hubiera en la actualidad libertad de pensamiento político).
De este hecho se desprenden dos consecuencias:
La primera es que las propuestas de gobiernos que centran sus políticas principalmente en el ser humano y no en el mercado, se hallan ya reconocidas como una opción para el electorado en los países de la región.
La segunda, que es ya hora de que todas aquellas agrupaciones sociales (campesinos, indígenas, mestizos, mujeres, sindicalistas, estudiantes, intelectuales, feministas, homosexuales, ecologistas, artistas, etc.) cierren filas ante los detractores de la democracia y expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones porque en nuestras sociedades el bien común tenga preeminencia sobre el bien individual, y se reconozca al Estado como el garante de los derechos fundamentales para las personas, y no al mercado como la mejor opción para «garantizarnos» los satisfactores sociales.
En la segunda mitad del siglo pasado, todas aquellas voces que se opusieron a las políticas implementadas por los gobiernos militares para garantizar el buen desarrollo de los negocios de la oligarquía, fueron silenciadas a través de la violencia extrema.
Ahora, que el «diablo vestido de rojo» parece resurgir de las entrañas del voto popular de la mayoría de la población latinoamericana a favor de propuestas políticas que se alejan de los intereses del mercado, existe una batalla desde los sectores más tradicionales para desinformar y crear un nuevo temor contra todas aquellas ideologías que no concuerdan con el desarrollo del capital y del mercado.
¿Qué? ¿Nuevamente está prohibido girar a la izquierda?