El diablo repartiendo biblias


¿Quién controla el despilfarro del Congreso de la República? Esta es una pregunta que cualquier ciudadano normal (como yo) se puede hacer al considerar cómo gasta el dinero esa institución del Estado. La fiesta con el dinero de los impuestos es evidente entre los padres de la patria: un dí­a hacen viajes a Francia sin invitación alguna, la siguiente vez se van a Brasil a ver juegos olí­mpicos, en otra ocasión se hace una visita inútil a Canadá y, para rematar, la prensa nos informa hoy que dos diputadas pagaron un hotel cinco estrellas en Antigua Guatemala para levantarse temprano. ¿Acaso esto es Macondo?

Eduardo Blandón

El derroche del erario público es trágico en estos paí­ses tercermundistas en donde la hambruna y la miseria son el pan de cada dí­a de la mayorí­a de la población. Los datos están al alcance de la mano, la mayor parte de las familias guatemaltecas encuentra dificultad para sobrevivir cada final de mes. Somos un paí­s empobrecido (que no pobre) y esto provoca desnutrición, retraso, falta de oportunidades laborales, estabilidad psicológica, seguridad y la larga lista podrí­a tocar el cielo. La situación nacional no está para contratar un hotel y pasarla a cuerpo de rey porque sólo ahí­ se pueden levantar temprano las damas laboriosas del Congreso.

Si no se pone freno al despilfarro del Congreso no nos extrañemos que mañana se le ocurra a un diputado irse a Costa Rica para encontrar la paz necesaria y formular desde ahí­ una iniciativa de ley. ¿Por qué no irse a Francia para encontrar la luz y el buen influjo intelectual para beneficio de los trabajos legislativos? ¿Qué decir si se visita Roma para que la agenda parlamentaria sea bendita? ¿Suena descabellado? Quizá, pero posible en la mente de los diputados.

Es tan irrisoria la vida y tan ridí­culo el ser humano (los diputados de manera superlativa) que son capaces de ir a reflexionar sobre temas «éticos» a un hotel cinco estrellas. ¿No le parece surrealista semejante contradicción? Los diputados se gastan casi veinte mil quetzales «para poder levantarse temprano» y revisar un proyecto de ley que versa sobre ética. El Diablo repartiendo biblias. ¡Qué chiste! ¿En qué cabeza cabe?

Que los diputados hablen de ética es como contemplar a Satanás citando las Escrituras. Es imposible, nadie les va a creer. Y, claro, como la inmoralidad la exudan los parlamentarios: hasta para hablar de ética cometieron un acto inmoral (aunque ellos digan que no tiene nada de «ilegal», que es otra cosa). Así­, cualquier documentucho «ético» que propongan esas dos honorables diputadas está descalificado desde su arranque por la corrupción de su nacimiento.

Debe ponerse fin a la dilapidación del dinero de los guatemaltecos. ¿Quién controla ese despilfarro? La pregunta me la continúo haciendo. Si alguien tiene la respuesta agradeceré me la haga saber pronto.