El despiadado sistema bancario


Hace más de 30 años, en su finca de Colomba, un gran amigo, un guatemalteco ejemplar, trabajador y honrado se pegó un tiro porque ante una baja en el precio del café no podí­a pagar su hipoteca y el banco amenazaba quitarle la finca que con tanto esfuerzo habí­a construido.

Héctor Luna Troccoli

Hace unos dí­as un joven profesional que pasaba por el trauma de un reciente divorcio estuvo a punto de hacer lo mismo porque un banco lo acosaba dí­a y noche a través de malpagados empleados por una deuda de su tarjeta de crédito que indudablemente iba a hacer «quebrar» a ese multisupermillonario banco.

Hace unos años, el banco de Guatemala, le regaló a los llamados Bancos Gemelos la suma de Q 1,500 millones para ver si así­ podí­an salir de los hoyos que habí­an creado: al Banco del Café y el Banco de Comercio que estafaron, engañaron y le robaron sus ahorros a miles de guatemaltecos, desaparecieron al menos de la lista de entidades bancarias, pero sus «dueños» convertidos hoy en multimillonarios, han salido libres gracias a los «benévolos» jueces y a que las autoridades bancarias, en su momento, guardaron un oscuro y tenebroso silencio de complicidad y que en lugar de denunciar ante los tribunales en su oportunidad, las anomalí­as detectadas, se hicieron de la vista gorda mientras unos preparaban su huí­da y otros su «defensa» convertida en generosos billetes que irí­an a parar a las «gavetas» de oficiales y jueces.

Pero el privilegio de robar no es exclusivo de banqueros y bancos. Allí­ tienen ustedes a nuestro Congreso, en donde se robaron 82 millones de quetzales con la complicidad, eso sí­, de un banco y una casa de bolsa. Es decir, la ayuda para esa depredación al erario nacional siempre está presente gracias a este despiadado y protegido sistema bancario que tenemos.

Pero fí­jese usted que ¡afortunadamente!, las ganancias para este sistema corrupto e indiferente ante los problemas de los otros, ya llegó este año a cerca de 2,000 millones de quetzales, en tanto en aldeas remotas la gente se sigue muriendo de hambre y el ministerio de Finanzas, nos quiere trabar a los ciudadanos con más impuestos, pero jamás a los bancos, que en caso de sufrir por el pago de un impuesto lo trasladarí­an a los ahorrantes y mas aún a los sujetos de crédito. Y es que un banco no sólo gana millones con los intereses que cobra, lo gana en todo, sólo en la compra venta del dólar se echa a la bolsa, cuando menos diecinueve centavos de quetzal por cada dólar que le vendan y ellos lo compran, por supuesto, a diecinueve centavos menos de su valor.

Los cuentahabientes estafados por estos señores que parecen ser el verdadero poder detrás del trono, deben sentir el dolor enorme de la burla que de ellos hacen. Por eso algunos ahorrantes del Banco de Comercio han muerto del corazón o se han suicidado. ¿Es ese el camino de la esperanza o en realidad el del olvido?…

Pero déjeme decirle que la «honorable» junta monetaria autorizó al Banco de Guatemala a que ponga a disposición de los «pobrecitos» bancos la suma de Q 375 millones por la «crisis económica mundial» y evitar que tengan desencajes a fin de mes, lo que podrí­a ocasionarles fuertes multas a los «desvalidos» bancos que además tienen de respaldo la ley del FOPA que el «honorable» Congreso la emitió, dizque para proteger a los ahorrantes.

Así­ son las cosas en Guatemala, por eso me da risa que se hable de «combatir la pobreza», cuando todas las medidas tienden a proteger únicamente a los millonarios del paí­s. Así­ es la vida y la agoní­a de los chapines, mientras tanto que los bancos ahorquen a los poseedores de tarjetas de crédito, porque si no hay plata indudablemente no podrán darle su bono navideño a sus empleados.

Si ahora Guatemala se encuentra acosada por el narcotráfico que con violencia, impunidad y absoluta libertad ha convertido nuestro paí­s en su finca particular con la complicidad de ex funcionarios y funcionarios, usted, no se preocupe, bendito sea Dios, tenemos desde hace años otro tipo de delincuentes de cuello blanco que en lugar de un AK-47 utilizan un látigo, una amenaza o bien, por «medios legales» dejarlo en la calle, como le ha ocurrido a muchos.

Por eso haga como yo que ya no creo ni en la paz de los sepulcros, ni en la sonrisa socarrona de quienes bajo el criterio de participar en la «intermediación financiera», le meten a uno la… daga.