Hoy me tocó a mí sentir esos efectos del caos y desorden que como sociedad estamos padeciendo. Y no puedo negar el hecho de haberme sentido coaccionado, sentir amenazada mi propiedad y el propio sustento de mis hijos. Este sábado 18 cuando el teléfono sonó, era precisamente esa señora, la «telegrafista» de la cuadra. Muy atinada su elección para esa labor de mensajera. Don Guillermo, me dijo, «vamos a cerrar la calle», pero la municipalidad de Mixco necesita que todos estén de acuerdo. Por supuesto, esta «consulta» me fue hecha después de no haber sido tomado en cuenta para semejante solicitud, y cuando la municipalidad les informa de la necesidad del concurso y consenso de todos los propietarios de la cuadra. Al hacerme presente ante ellos y caballerosamente expresarles mi desacuerdo, sobretodo, cuando la intención no es únicamente pasarse por el «arco del triunfo» el artículo 458 del Código Civil, que claramente dice: «Son bienes nacionales de uso público común, las calles, parques, plazas, caminos y puentes que no sean de propiedad privada y los artículos de la Constitución que garantizan la libertad de locomoción y el respeto a la propiedad privada, también de manera cínica «se me explica», que los barrotes a colocar ingresarían al interior de mi propiedad, en un espacio que funciona como jardín o área verde.
Adónde iremos a parar como país con todo este desmadre, imagínese estimado lector, que ante el creciente congestionamiento en calles y avenidas por el incremento del parque vehicular, aquí se pretende convertir las áreas públicas en inmensos garajes privados. Y que importa la ley, que derecho público y privado ni que ocho cuartos. No cabe duda que en Guatemala resulta fundamental entender que el orden público es un elemento indispensable para preservar el Estado de Derecho y, en consecuencia, la democracia como sistema de gobierno. Una nación en la que no se respetan las normas fundamentales de convivencia ciudadana (las leyes), donde las autoridades pudieran permitir la violación de los derechos de terceros, es una nación que camina, con paso cada vez más acelerado hacia la anarquía y la destrucción. Por supuesto, mi expectativa en este caso, es que las autoridades encargadas de velar por el orden público, no permitan la comisión de lo que a todas luces constituye un acto delictivo.
En mi pueblo todavía se usa una expresión muy particular, «No hay madre para esos hijos», se utiliza cuando los hijos andan por su cuenta, sin sujeción alguna, cuando está perdida la autoridad porque la mamá «tiró la toalla», entonces reina el descontrol y la anarquía y cada hijo hace lo que le da la gana. Un país o municipio, señor alcalde, es semejante a un hogar, debe tener padres (los gobernantes) que no suelten el timón de la autoridad para que los ciudadanos no practiquemos el abuso quebrantando la ley. Y en donde más sino en nuestras autoridades es donde se fundamenta el mandato para combatir el desorden y la anarquía, especialmente porque resulta inadmisible al violentar el Estado de Derecho, apoyo de toda sociedad que aspira a la paz, al desarrollo y a un verdadero sistema democrático.