El desarrollo rural no alcanza


Para alcanzar el verdadero desarrollo rural del paí­s es necesaria la tierra, el capital y el trabajo, tres pilares donde ahora no hay prosperidad para satisfacer las necesidades básicas de la gente.

Gabriel Herrera
lahora@lahora.com.gt

A la limitación del progreso real le está afectando la pobreza y pobreza extrema, salud deteriorada, deficiente nivel de educación, violencia, bajos salarios en el campo y la ciudad, injusta actividad minera, hasta llegar a los altos precios de la energí­a eléctrica, seguida de otras desventajas, opinan.

Pero ¿Cómo debe ser el desarrollo rural en el paí­s? Es una respuesta que ofrecen aquellos que dicen conocer su región y están informados de las prioridades de más del 65% de población del paí­s, compuesta en su mayorí­a por grupos indí­genas.

Ponerse de acuerdo

Clemente Samines Chalí­, presidente de la comisión de Comunidades Indí­genas en el Congreso de la República, expone que el desarrollo rural tiene necesidades básicas no satisfechas, como: fertilizantes, falta de tierra y certeza jurí­dica, infraestructura de vivienda, semillas mejoradas, apoyo para los grupos de mujeres e impulso para artesanos y artesanas.

Explica que Sololá está compuesto por 19 municipios que reúnen a 307 mil 661 habitantes, según el último censo nacional, «de ellos el 95% por ciento es población indí­gena, necesitada del desarrollo rural», subraya.

Inés Castillo, representante de Santa Rosa, dice estar convencido que la acción del centralismo del Estado ha generado la falta de desarrollo rural. Para que despegue esa necesidad urgente, es vital crear condiciones en la calidad de vida de los habitantes, agua potable saludable, drenajes, educación adecuada a cada región y no la tradicional, por ejemplo.

Luego, proyectos productivos que deben estar compartidos entre todos los grupos y no concentrados en pocas manos, como impera en la costumbre. «Si no logramos que todos aquellos que generan desarrollo rural tengan el acceso a los medios de producción, es mentira que pueda ocurrir un desarrollo rural», puntualiza el legislador Castillo.

Explotar la naturaleza

El obispo maya, Pablo Puac, opina que el fortalecimiento de la agroindustria debe alcanzar a los grupos comunitarios, no solo explotación de su mano de obra. La industrialización de la madera, por ejemplo en Totonicapán, evitarí­a que grupos reducidos y con interés particular sigan deforestando ese departamento.

Asimismo, empezar a desmonopolizar el tema de la energí­a eléctrica, crear opciones frente a un negocio que la propiedad privada encareció. «Deberí­an capacitar y tecnificar el desarrollo de la energí­a solar y la que se pueda generar a través del viento», sueña.

Leyes y problemas

El diputado Juan Manuel Giordano opina que los alcaldes y los municipios han carecido de fondos, no han podido planificar el uso de los suelos, pero más complicado es que la actual Ley de los Consejos de Desarrollo Urbano y Rural, decreto 11-2002, no considera crear una comisión de alto nivel para ordenar el territorio nacional. Eso arrastra la pregunta ¿qué se pone y qué uso se da al suelo en el paí­s?, pregunta.

Proyectos limpios

El representante de Izabal, Jorge Villatoro, cree en el fomento del ecoturismo, crear un jardí­n botánico con biodiversidad, mejorar los senderos ecológicos existentes y seguir vigorizando los cultivos de la hoja de chate y el cacao.

En potencia favorecer a las comunidades para que saquen provecho del clima y las montañas sin deteriorar el territorio. Asimismo, sacar ventaja de la elevación del precio del petróleo, porque ahora se está demandando mejores precios del hule natural, donde Izabal tiene potencial.

Cree que falta ordenar y coordinar el tema nacional con sistema de inversión pública. Priorizar y crear un mandato para que el dinero del Estado vaya a determinadas actividades, no imposición sino unificación de proyectos estatales con planes departamentales, regionales y uno nacional, respetando las necesidades de la gente.

Iniciativas van y vienen

Roberto Alejos Cámbara, representante del distrito central, explica: «La ley de desarrollo rural es un tema importantí­simo, lamentablemente hay varias iniciativas de ley, lo cual ha entrampado su aprobación en el Congreso».

Su idea coincide con la de otros, hay que impulsar el trabajo parlamentario para unificar criterios y sacar una iniciativa de ley. Según él, «es algo que está entre la agenda prioritaria del Organismo Ejecutivo para materializar el desarrollo rural».

«El presidente Colom le ha pedido a los distintos jefes de bloque en sus distintas reuniones que este tema sea prioritario, como para el mismo Congreso, que viene discutiendo desde hace un tiempo la necesidad de publicar una ley de desarrollo rural que de verdad promueva el desarrollo de la población desde el interior», opina Alejos.

«Legislación de esa categorí­a con alcance nacional, podrí­a iniciar una serie de acciones que cambiarí­an la situación del área rural del paí­s, que el desarrollo no llegue de arriba a abajo, sino salga de la base, en una forma horizontal y no en una forma vertical, como se hizo en el pasado», analiza.

Se necesita que la gente tome sus propias decisiones de cómo y en qué se quiere desarrollar, qué sembrar y dónde venderlo y no a través de imposiciones de grandes mercados, que finalmente ya demostraron que no son solución para la gente pobre y extremadamente pobre, remarcan los entrevistados.

Hay muchas formas de ver al desarrollo rural; los fondos públicos y privados en forma de microcréditos o de apoyo a la población más necesitada, es una. El gobierno anterior únicamente dirigió su mirada ofreciendo Q1 mil 500 a cada campesino, cantidad en forma desordenada que no ataca la realidad del desarrollo rural nacional, reflexionan algunos.

En el mar de las ideas y de los sueños de muchos lí­deres, está que el Ministerio de Agricultura (Maga), proporcione programas para generar alimentos; que el Fondo de Tierras (Fontierras), resuelva el problema de pagos y préstamos para los campesinos.