El derecho de la derecha


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El derecho de la derecha se impone, no lo cuestiona porque lo considera su derecho de uso; siempre ha sido así, ergo por qué habría de ser cuestionado. En una realidad histórica que se forjó sobre el despojo, la colonización y luego la extracción, la derecha asume que sus prerrogativas están amparadas por las reglas que se diseñaron para justificar su propia existencia. El derecho de la derecha demanda igualdad ante la ley pero hay unos más iguales que otros.

Julio Donis


Vocifera que el país debe ser uno solo sin distingo de las diferencias, y subyace en esa aspiración, un sutil y arraigado racismo pues se anula la historia que evidencia riqueza de multiculturas. El derecho de la derecha está resguardado por el Derecho, un conjunto de normas e instituciones que rigen la vida y el negocio desde que se erigió la patria del Criollo. El origen de la derecha es el origen de esa “patria”, fundada para evitar el pago de tributos a la Corona que también ya había extraído suficiente oro para forjar los emporios de la derecha europea, que siglos más tarde regresarían en forma de transnacionales. Año con año celebran su día la derecha local y la transnacional, juntos se encuentran alrededor del vino para festejar más de quinientos años de indignidad, despojo y riqueza. Los de derecha son muchos aunque hay algunos que aun no saben que lo son. Otras derechas son medianías que aspiran a esos derechos, y para tal efecto se constituyen en un coro de cacatúas que hace la segunda voz de aquellas ambiciones. Algunos de los estribillos más sonados por ese orfeón, que siempre repican rezongando son: “es nuestro derecho de pasoooo y libre locomocióoon”, o “es mi propiedad privaaadaa”. El derecho de la derecha también se rige por los valores cristiano religiosos que iluminan y perdonan los malos pasos, para seguir caminando por dobles y triples morales. Sus leyes morales y constitucionales siempre invocan y agradecen a Dios antes que nada. Ese sensus divinatis se impone cuando sus argumentos se acaban, porque cómodamente le dejan al misterio la justificación de las atrocidades. El derecho de la derecha que es patriótica, nacionalista y creyente hasta el sacramento, manda el sentido de propiedad privada que les aliena de la razón y les conduce con prepotencia por cada rincón. Esa lógica es la que les hace incidir y manejar todo, cosificando personas e instituciones; los primeros viven aspirando bienes sobre valores consumistas en una angustiante lucha para alcanzar la felicidad, y los segundos terminan sirviendo fielmente a sus intereses, pedaleando fuerte, demostrando obediencia y exhibiendo su servilismo. El derecho de la derecha reclama militarización porque siguen viendo en el presente los fantasmas del pasado y temen polarización. En este sentido es una derecha oligárquica y atascada en los laberintos del anticomunismo. Ahora bien, lo interesante del asunto es que los derechos de la derecha han entrado en contradicción, pero no es por una izquierda que se le oponga, es por sus propias incoherencias, es por alardear democracia con una práctica autoritaria, es por vociferar transparencia con la corrupción que les ha fundado como clase, es por pedir justicia sobre un sistema de impunidad, es por presumir libre empresa y mercado sobre monopolios graníticos, es por pedir Estado de Derecho con un Estado cooptado y enano. Esa contradicción se trata de corregir con un Estado corporativizado que haga un efectivo control del territorio, de la población y de sus recursos.  En este sentido estamos presenciando la brecha de las derechas.