«El déficit de mujeres en puestos de representación polí­tica es un déficit del sistema democrático»


Julio Donis es sociólogo y columnista de Diario La Hora, tiene una amplia experiencia en programas de apoyo a la institucionalización del sistema de partidos polí­ticos y diseño electoral. En esta entrevista se refiere a la inequidad de la participación y representación polí­tica entre hombres y mujeres, la que se debe, según afirma, a una contradicción esencial: la de clase. Donis señala que «la precariedad de esta sociedad no permite ni siquiera que el espacio polí­tico sea un espacio digno» y sostiene que el reto para las mujeres va por el camino de «hacer polí­tica en todo el espectro de temas». Para él, el cambio de la situación de discriminación de la mujer es una batalla que pertenece a una guerra más grande, y que remite al cuestionamiento del sistema capitalista.

MíS MUJERES MEJOR POLíTICA
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Julio Donis:

– Más Mujeres Mejor Polí­tica (MMMP): ¿Cómo calificarí­a la participación y representación polí­tica de las mujeres en Guatemala?

– Julio Donis (JD): La participación de las mujeres en la polí­tica es restrictiva, se les veda el espacio público que está dominado por los hombres, lo cual ha quedado registrado en la historia, les recuerdo que fue hasta 1945 cuando se reconoció el derecho al sufragio para las mujeres alfabetas y, entrados los sesentas, se convirtió en un derecho polí­tico universal. Sin embargo, es oportuno desde este momento indicar que tratar de resolver este dilema puede resultar reduccionista.

El dilema fundamental es económico, la contradicción esencial es económica y eso remite a situarse de frente al sistema capitalista. Por lo tanto, en una sociedad como la guatemalteca de fuerte legado colonial -lo que se traduce en la presencia y dominación oligárquica; pobreza extendida, un Estado con graves fallas de diseño institucional- hace de este paí­s un escenario más parecido a un feudo que a una sociedad que se precie de serlo. No es extraño entonces, el racismo que aflora en la cotidianidad y la discriminación como criterio de las relaciones entre hombres y mujeres.

– MMMP: Si realizáramos un diagnóstico sobre el tema, ¿cuáles serí­an los principales males detectados?

– JD: La mirada analí­tica de la participación de la mujer en la polí­tica, siempre estará incompleta si no se cuestiona el modelo de relaciones de producción. Es tan concreto como la realidad de que en este paí­s hay personas que mueren de hambre como otras que mueren asesinadas. ¿Cómo es posible participar, es decir tomar parte de un acto social o polí­tico, si ni siquiera están satisfechas las necesidades básicas de la existencia? Dicho eso, hay que decir que efectivamente un rápido diagnóstico por este tema apunta los siguientes males: un marco normativo que no favorece la participación equitativa entre hombres y mujeres -aunque hay que decir que tampoco está diseñado para favorecer la participación como tal-; la participación de las mujeres en puestos del ámbito público es muy baja todaví­a; la representación del poder polí­tico público en manos de mujeres no es generalizada -el Congreso tiene menos del 10% de curules ocupadas por mujeres y (las) alcaldesas se cuentan con la mano-.

– MMMP: ¿Cuáles son además de los problemas, las barreras a las que nos enfrentamos como sociedad que nos impide, a las mujeres, alcanzar mayor participación y representación en el ámbito polí­tico?

– JD: Los problemas expresan de manera tangible las barreras que restringen la participación. De manera concreta hay estudios que dan cuenta de barreras institucionales, lo cual significa que el Estado no favorece las condiciones para hechos tan elementales como tener identidad civil o acceder al empadronamiento, esto nos remite a la complejidad que apuntaba al principio, un Estado que no ampara o no ha tenido presencia no puede ser reconocido, y con él sus instituciones y la lógica del sistema democrático. Y también se podrí­an señalar barreras volitivas, que implican la voluntad de las personas de inscribirse, participar, votar, opinar, legitimando de esta manera el sistema polí­tico. Para el caso de las mujeres los datos electorales son importantes, hay una relación inversa entre la proporción poblacional y el porcentaje de votos femeninos emitidos. En resumen, resolver la ecuación de primer orden que relaciona voluntad, más confianza institucional, más satisfacción de necesidades, es la clave que permite observar las barreras de la participación de las mujeres, todo indica que es, como dije al principio, restringida.

– MMMP: ¿Cuáles son las principales razones para que la participación y representación polí­tica femenina sea tan baja en Guatemala?

– JD: Como aportaba antes, creo que las condiciones de discriminación de la mujer y las circunstancias materiales de hombres y mujeres, restringen y limitan la voluntad de las mujeres, son pocos los factores motivacionales para ir a la polí­tica. Segundo, cómo generar confianza en la institucionalidad democrática si ésta misma hace todo lo posible por relegar a las mujeres, y tercero, cómo se participa si antes hay que resolver las necesidades básicas de la casa, problemas que están tradicionalmente encomendados a las mujeres.

– MMMP: Cuando vemos el Congreso, los partidos polí­ticos, el gabinete de gobierno, la CSJ y así­ otros espacios de toma de decisiones, nos encontramos con un número muy superior de hombres. ¿Por qué la polí­tica en Guatemala es un espacio eminentemente masculino?

– JD: Creo que la respuesta a esta pregunta está bastante ilustrada con las anteriores, sin embargo vale la pena profundizar en las razones. Como contexto hay que decir que la precariedad de esta sociedad no permite ni siquiera que el espacio polí­tico sea un espacio digno. La dimensión de la polí­tica está desprestigiada, transgredida y prostituida, es el escenario de la transacción y la práctica polí­tica, que se legitima con la formalidad de la norma que se ajusta según convenga, es una especie de pre-polí­tica.

En ese escenario fomentar el número de mujeres en espacios de poder público, ha sido una estrategia para defender los derechos de las mujeres, sobre todo promovida por la cooperación internacional. Este esfuerzo choca de frente con el desarrollo de la cultura polí­tica tradicional de los hombres, que no considera en primera instancia temas como la familia, la educación, el bienestar social, la vivienda etc., sino se mantienen en la polí­tica nacional enfocada a temas de empleo, polí­tica de infraestructura, polí­tica fiscal, etc. Creo que el reto para las mujeres va por el camino de hacer polí­tica en todo el espectro de temas. Un sistema democrático paritario no puede serlo completamente, si las polí­ticas que se impulsan son parciales. Cómo se aspira a jugar en polí­tica internacional sin siquiera tener resuelta una polí­tica de bienestar familiar y de salud pública digna para todos los ciudadanos.

– MMMP: Muchos hombres, y algunos de quienes tienen el liderazgo dentro de los partidos polí­ticos consideran que los espacios deben ganarse y que por lo tanto las mujeres deben luchar por ellos y competir en igualdad de condiciones con los hombres, sin privilegios. ¿Qué opinión le merece esta postura?

– JD: Creo que esa postura es similar a las que alardean expresiones como Guateámala y Pro Reforma, que en este paí­s no hay diferencias y que todos somos iguales. Es la expresión más sutilmente acabada que esconde las diferencias y las desigualdades que tenemos como sociedad, por lo tanto es una postura perversa y de doble moral. De manera concreta, lo único que podrí­a hacer alguna diferencia entre las posibilidades de una mujer y de un hombre de alcanzar un puesto polí­tico es el dinero, porque la polí­tica está privatizada.

– MMMP: ¿Por qué en otros paí­ses, con caracterí­sticas similares a las nuestras, la participación femenina es superior? El promedio de América Latina de mujeres en los parlamentos es de 20% y en nuestro paí­s apenas alcanza el 12?

– JD: En principio pienso que es difí­cil encontrar otro paí­s con caracterí­sticas similares a este paí­s. Aún en la misma región centroamericana, el vecino paí­s de El Salvador tiene í­ndices de participación polí­tica mejores que el nuestro. En general, el déficit de mujeres en puestos de representación polí­tica es más bien un déficit del sistema democrático, y por lo tanto un dilema de la democracia que no logra resolver y que afecta su propia vigencia como sistema polí­tico. Creo que las claves están, como decí­a antes, en la resolución de las condiciones materiales, por lo tanto la contradicción esencial es económica. Dicho de otra forma, en Costa Rica la democracia es más plena porque hay condiciones económicas que lo permiten, así­ como un Estado fuerte.

– MMMP: ¿Qué tipo de acciones o medidas es necesario implementar para equilibrar la participación polí­tica entre hombres y mujeres?

– JD: Se pueden proponer acciones afirmativas de distinto orden, desde polí­ticas públicas especí­ficas, pasando por el cambio en la legislación electoral que favorezca las condiciones equitativas de la participación. Sin embargo, no se puede aspirar de manera estratégica al cambio de esta realidad, con medidas especí­ficas aisladas del contexto. Son varios los factores que afectan el cambio de las condiciones de la participación femenina. Lo que en un paí­s funciona con gran efectividad, quizá en este no mueva ni un pelo. El tema de las cuotas, por ejemplo, parece tener un balance positivo en toda Latinoamérica, en su cometido de aumentar la representación polí­tica; sin embargo, me temo que factores como un régimen sancionatorio de partidos muy débil, y un sistema de financiamiento casi privatizado harí­an difí­cil la efectividad de esta herramienta. Creo que cualquier estrategia que se asuma, debe implicar cambios en la estructura del sistema polí­tico y el compromiso y la voluntad de actores polí­ticos clave, y eso incluye a algunas mujeres.

– MMMP: En una entrevista anterior, la politóloga Ligia Blanco, decí­a que: «aumentar la participación polí­tica de las mujeres, significa aumentar el poder para las mujeres, lo que es igual a un juego de suma cero para los hombres, ya que son ellos los que pierden espacios de poder.» ¿Comparte usted esta perspectiva, y por qué?

– JD: Comparto el resultado pero no la forma de análisis, esa mirada es muy absolutista y la realidad dinámica de las relaciones de poder no funciona de esa manera, aunque esa sea la percepción. Visto así­ nos remitirí­a a uno de los dilemas más añejos y peligrosos en la historia de la polí­tica: nadie lucha por el poder para cederlo o compartirlo, sino para acapararlo. Creo que el tema del poder tiene una connotación que va más allá de la exclusión, y es más que la visión reducida de un juego de suma cero, tiene que ver con la noción de las relaciones de poder como condición de supremací­a. En este sentido, el poder no existe como objeto, sino la relación de poder entre unos y otros, y lo que hay que analizar es lo que define esa relación. Una relación de poder se articula sobre dos elementos fundamentales y a la vez esenciales: el reconocimiento total del «otro» y que éste sea hasta el final un sujeto de acción. Bajo esta perspectiva, retomo el tema de la pre-polí­tica, no puede haber una relación de poder, si ni siquiera está reconocido el interlocutor.

– MMMP: Para transformar una situación que no nos gusta, necesariamente se requiere del concurso de muchos sectores que entiendan la problemática y estén dispuestos a trabajar para modificarla. ¿Quiénes son los llamados a lograr estas transformaciones y de qué forma?

– JD: Están llamados los partido polí­ticos y su liderazgo, están aludidos los movimientos sociales a implementar alianzas -cuando así­ convenga- o la incidencia en el poder, están aludidos en general los aparatos ideológicos como las instituciones religiosas y sus sistema de iglesias; la institución educativa, la familia, el ámbito jurí­dico, el sistema de información a través de los medios de comunicación masiva y las instituciones culturales. Ahora bien, el cambio de la situación de discriminación de la mujer es un resultado o una batalla que pertenecen a una guerra más grande, y que remite al cuestionamiento del sistema capitalista.

– MMMP: En el caso de los hombres, también hay discriminación para acceder a los espacios de poder. Por ejemplo, los hombres indí­genas tienen menos oportunidades que los no indí­genas. ¿Qué otros factores inciden para que algunos hombres tengan mayor acceso a participar en polí­tica que otros?

– JD: Creo que sobre todo el factor de clase, aunque también está el factor de la discriminación étnica y etaria (por edad).

– MMMP: ¿Hay experiencias exitosas a nivel de otros paí­ses, que pudieran adaptarse al nuestro que nos permita alcanzar la equidad en la representación polí­tica?

– JD: Hay medidas afirmativas que han funcionado en paí­ses como Argentina y Ecuador y han cumplido con su cometido de aumentar el ritmo y la magnitud de más mujeres en la polí­tica. En los paí­ses en los cuales se han implementado herramientas como las cuotas, se ha constatado efectivamente un aumento en por ejemplo escaños a cargo de mujeres, de hecho casi un 10% más que en paí­ses en los cuales no se ha adoptado este tipo de legislación. Herramientas como las cuotas o leyes de paridad han tenido un efecto más provechoso cuando entran a accionar en conjunto con otro tipo de factores que favorezcan la institucionalización efectiva del sistema polí­tico. A esto se complementa la efectiva incidencia del movimiento social de las mujeres y partidos o actores polí­ticos que se reconozcan por una administración del poder comprometidos con la equidad.

– MMMP: El Congreso conocerá un nuevo paquete de reformas a la ley electoral y de partidos polí­ticos. Tomando en cuenta el panorama legislativo y a partir de su análisis, ¿es posible pensar que hay espacio para aprobar reformas tendientes a lograr la paridad o la equidad en este ámbito?

– JD: El tema de las reformas a la Ley Electoral y de Partido Polí­ticos no parece dibujarse claramente en la agenda legislativa actual. En mi opinión, una iniciativa especí­fica tiene más probabilidades si forma parte integral de un cambio a toda la legislación electoral y de partidos. El otro factor es la dimensión del tiempo polí­tico, no se puede perder la oportunidad de lo importante, por la presión de lo urgente.

– MMMP: En España o en Chile, los presidentes del Ejecutivo han impulsado medidas para que sus gabinetes sean paritarios. ílvaro Colom, por el contrario, dice que lo importante es que en su gabinete no hayan machistas ni racistas, y que el número en la representación es lo de menos. ¿Qué opina al respecto? ¿Cuáles son los mensajes que se dan a partir de este tipo de prácticas?

– JD: El factor simbólico es muy importante y en polí­tica la forma es fondo, sin embargo hay que trascender los números de empleados indí­genas o las secretarí­as especí­ficas que atienden temas de la mujer o temas indí­genas porque eso sólo encapsula. Se necesita el impulso efectivo de polí­ticas públicas con comprobado efecto social.

– MMMP: ¿Es la lucha por la equidad una lucha de las mujeres, que somos quienes estamos en desventaja?

– JD: Desde la forma tradicional como se aborda el tema de la equidad y la participación de la mujer, efectivamente la lucha sólo es de ellas en primera instancia, luego ayudará la cooperación internacional que utilizará las ONGs y una que otra secretarí­a de gobierno. Pero si la lucha es la transformación social y económica, la lucha debe ser de todos.

ESTADíSTICA


Representatividad de la mujer en Comités Ejecutivos Nacionales (CEN) y listas de candidatos a cargos de elección popular 2007

(EG) (URNG) (FRG) (PU) (UNE) (PAN) (PP) (GANA)

Mujeres que integran CEN (8/28) (10/34) (5/25) (3/33) (5/33) (1/23) (5/28) (2/17)

Candidatas a cargos

de elección popular (18.9%) (18.8%) (13%) (11.7%) (10.7%) (10.6%) (9.6%) (9.4%)

Fuente: DISOP/ASIES con datos del TSE.