Conforme se acerca la fecha prevista para las elecciones generales, aumenta el debate sobre el tema de la reelección en los diferentes puestos de la administración pública, especialmente diputados, alcaldes municipales y el Procurador de los Derechos Humanos.
A través de los programas radiales con teléfono abierto, se percibe el pensamiento de los guatemaltecos con un profundo desencanto en torno a la frágil democracia que hoy existe en Guatemala.
Si la democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo como decía el estadista y presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln, en nuestro país ello es una utopía.
En el escenario guatemalteco, las elecciones se han convertido en un negocio de grupos minoritarios con enorme poder económico, que buscan garantizar la colocación de sus candidatos en posiciones estratégicas de los tres organismos del Estado para mantener intacto el orden establecido, mediante el cual el modo de producción pueda seguir reproduciendo el sistema de explotación económica, desigualdad social, exclusión y discriminación heredado desde los tiempos de la colonia.
Las votaciones en el régimen capitalista bajo la influencia de la política de Estados Unidos como potencia hegemónica, no son más que una formalidad electoral para dar la apariencia de legalidad y alternabilidad en el ejercicio del poder público.
En la práctica, casi siempre son los mismos quienes resultan electos particularmente para ocupar las curules del Congreso de la República o proseguir en el desempeño de los diversos cargos en las corporaciones municipales.
La reelección se ha convertido en un mal endémico, pues es un obstáculo para revitalizar la democracia. Amplios sectores de la población repudian la perpetuación de las mismas personas en plazas de elección popular como ocurre con numerosos diputados que ya tienen diez o quince años de estar mamando de la ubre del Estado sin ningún beneficio para los sectores populares.
Ahora también se suma a esa práctica el procurador de los Derechos Humanos, Sergio Morales Alvarado, quien abiertamente ha manifestado tener interés en la reelección por otro período de cinco años. Sin embargo, sus aspiraciones de continuar en el cargo, se han ensombrecido por las denuncias de anomalías en la institución que dirige, especialmente el despido de una trabajadora durante el período de lactancia, lo cual está prohibido por el Código de Trabajo.
De la misma manera, grandes núcleos de ciudadanos ven con escepticismo las intenciones del alcalde de la capital, ílvaro Arzú de lanzarse a la reelección, luego que su grupo político tiene casi 20 años de estar enquistado en la Municipalidad de Guatemala con pobres resultados a pesar del intenso bombardeo de propaganda disfrazada de información amañada que se realiza por el conducto de algunos medios de comunicación, especialmente los noticieros de la televisión abierta. En la actualidad son muchos los guatemaltecos que no aprueban la reelección en ningún cargo, porque la consideran perjudicial para la consolidación de la democracia y el futuro de la gobernabilidad del país.