Creo que es de vital importancia que los guatemaltecos asumamos un debate serio del tema fiscal porque estoy convencido de que urge una reforma que nos coloque en la senda de garantizar un proceso de desarrollo sostenible que proyecte beneficio a los guatemaltecos más pobres, especialmente a aquellos que tras nacer en la miseria ven comprometido su futuro por deficiencias terribles en la alimentación que les comprometen de por vida.
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Sin embargo, pienso que estamos cayendo en situaciones muy peligrosas que alejan la posibilidad de una discusión seria y productiva. Lo ocurrido ayer en el Congreso de la República, cuando alcaldes convocados por la ANAM para ir a presionar a los diputados se saltaron las trancas y agredieron a algunos representantes que mantienen entrampada la discusión en el pleno de la iniciativa del gobierno para rellenar el hoyo fiscal. Lo mismo puede decirse del malestar que despertó entre los guatemaltecos el comportamiento de raquíticos grupos del magisterio que bloquearon la libre movilización sin que pueda decirse, en absoluto, que se trataba de una legítima y representativa expresión de los maestros del país, sino simplemente de los más allegados a Joviel Acevedo cuyos vínculos con el gobierno son más que obvios.
Entiendo que el Gobierno tiene un serio problema fiscal que debe resolver cuanto antes porque se trata de un déficit en la captación de ingresos de cientos de millones de quetzales y por ello la angustia por acelerar ese paquete que han llamado reforma fiscal pero que honestamente hablando no merece tal calificativo. Pero hay que medir la trascendencia que tiene la implementación de ese paquetazo en cuanto a las posibilidades de abordar en el futuro con madurez, seriedad y profundidad, el tema de la reforma fiscal que constituye uno de los grandes retos para la sociedad guatemalteca porque la eficiencia de ese Estado que hoy se muestra inútil e ineficiente dependerá en buena medida de que podamos acordar un pacto de largo plazo que nos convierta a todos en contribuyentes para aportarle al país los recursos que reclama la construcción de un orden diferente en el que principiemos por garantizarle a los habitantes del país el derecho a su propio e integral desarrollo humano y que la suma de esa conquista nos permita alcanzar el desarrollo social que requerimos para insertarnos plenamente en este mundo globalizado en el que hoy en día estamos en notable desventaja por las limitaciones dramáticas que nuestra realidad le impone a un gran sector de la población.
A puñetazos, madreadas y enfrentamientos no vamos a lograr mucho. Sin duda el gobierno dispondrá de los votos para aprobar el paquete que tanto le urge, porque sabemos que los votos en el Congreso están en pública subasta y por supuesto que existen medios para disponer de dinero suficiente para comprar los necesarios para la aprobación que tanto les urge. Pero eso significa definitivamente volver a postergar el debate que tendrá que ser abanderado por un gobierno serio, honesto y transparente que pueda disponer del poder de convocatoria y autoridad moral para proponer el pacto fiscal que el país necesita.
Repito que esta escaramuza por la cuestión fiscal es apenas el inicio de la lucha electoral que se planteará en los mismos términos de confrontación y con ello nadie gana. Es Guatemala la que pierde.