“La verdad anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua” Miguel de Cervantes
El escribir en un medio de comunicación tiene, entre otras, la satisfacción de ser la voz de los sin voz. Tuve la oportunidad de escribir sobre temas tributarios ocho años en Prensa Libre, un año en Siglo.21, y posteriormente desde hace más de tres años en este prestigioso medio, sobre temas sociales.
Aunque mis detractores juran y perjuran que no fui secuestrada ni violada, aseguran que me fui con mi amante, en momentos difíciles quisiera me mostraran las fotos, en donde me encuentro manteniendo relaciones sexuales, o aunque sea un beso, cosa que no pueden hacer porque nunca sucedió. Uno de los elementos más importantes de mi propio caso, es que he sido invisible todo el tiempo; a mí nunca me preguntaron si siquiera conocía al único detenido, no sé si son pagados o no, medio mundo juró y jura que yo lo acusé, y que es mi víctima, aún hoy. Lo cierto es que entre la CICIG, Castresana, el colombiano, varios columnistas (entre ellos algunas mujeres) y medios hicieron eco de los extranjeros (Rincón), montaron un circo y me condenaron, y me siguen condenando, sin haber sido oída y vencida en juicio.
En ese momento se solicitaron medidas cautelares a la CIDH para mi persona y mis hijas, las que fueron concedidas, y se habían mantenido. Soy una persona independiente y no pertenezco a agrupación gremial de comunicadores alguna en el país, por lo que asumo que muchos no me consideran parte de su medio.
En febrero de este año recibí amenazas de muerte por la forma en la que escribo, no hice ningún aspaviento, solamente se lo comuniqué a quienes me han apoyado siempre, Escritores en el Exilio Saquerti, grupo del único que formo parte, quienes en todo momento me apoyaron y realizaron la denuncia internacional. A finales del mismo mes, el señor Galeano de la PDH me visitó para informarme que estaban revisando mis medidas cautelares, por lo que le informé que mi situación lejos de mejorar había empeorado, me explicó que realizaría el informe respectivo, pero me hacía ver que el actual PDH se oponía a todo lo relacionado con el anterior.
Sin haber sido escuchada por nadie, y violando el artículo 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, COPREDEH, dirigida por Antonio Arenales Forno, y la PDH dirigida por Jorge De León Duque, invisibilizándome como beneficiaria de las medidas, la primera solicitó me fueran retiradas, y la segunda, no informó sobre mi situación, por lo que las mismas fueron revocadas, sin nuevamente haberme preguntado y escuchado sobre la realidad de mi situación, por lo que me vi obligada a recurrir personalmente ante la CIDH.
Yo pregunto lo siguiente, ¿Cuánto hemos avanzado las mujeres en el país, cuando si alguien lee todo mi proceso, nunca fui escuchada? ¿Por qué tampoco fui escuchada por COPREDEH y la PDH?, ¿Es porque no tengo un apellido de abolengo, y soy mujer? ¿Es que no tengo derechos acaso? Porque todos han sido vilmente vulnerados por quienes han querido.
Naturalmente muchas voces se levantarán para recalcarme que me fui con mi amante, repito, si fueron colchón o cama, que me presenten las pruebas.
El problema en Guatemala, señores, es que se estigmatiza a alguien como lo hizo Castresana y sus voceros conmigo, y por mucho que se lleve una vida digna, porque no tengo nada de qué avergonzarme, soy para todos menos que una puta, pero lo peor, y el problema de fondo: ante los órganos competentes como COPREDEH y PDH, así como para MP, CICIG y Tribunales, soy invisible, no existo, por lo que desde ya yo acuso a las instituciones antes mencionadas, así como al Gobierno de la república de lo que tanto a mí como a mis hijas nos pueda suceder.