El culto a la diosa Minerva


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Apenas estrenaba su largo período cuando al dictador se le ocurrió establecer el culto a Minerva. Nadie sabe exactamente cuáles fueron sus razones. Estrada Cabrera era un gobernante que se consideraba liberal y seguía la misma línea que se impuso desde que la Reforma Liberal sustituyó gobiernos conservadores de Rafael Carrera y Vicente Cerna. Aunque difusas algunas líneas del contorno, existen ciertas características que distinguen a los liberales de entonces, entre ellas el marcado anticlericalismo (para disminuir la influencia de la Iglesia), el impulso a la educación del pueblo en general (como medio de contrarrestar a las clases dominantes) y la devoción a la modernidad y el progreso.

Luis Fernández Molina


Acaso nutrido por dichas motivaciones en 1899 el recién inaugurado dictador ordenó las Minervalias.

 Un año antes había accedido al poder. Durante el gobierno de Reyna Barrios, don Manuel fue escalando muy sagaz y sigilosamente en altas posiciones hasta llegar a ser Ministro de Gobernación y el primer designado en caso de ausencia del Presidente.  La ausencia y en forma definitiva se dio en 1898 cuando Reyna Barrios fue atacado en la calle. El asesino era un joven británico de 21 años, Edgar Zollinger, a quien balearon pocos minutos después. Los móviles del autor quedarán por siempre en el misterio; la versión común y casi oficial es que quería vengar así la muerte de su jefe don Juan Aparicio. Motivo poco convincente para cometer un magnicidio. Algunos afirman que Zollinger tenía problemas mentales y otros que sufría una enfermedad terminal. En todo caso el directamente beneficiado fue Estrada Cabrera que tomó las riendas del poder. Era obvio que no prosiguieran las investigaciones.

En la mitología romana Minerva correspondía a la griega Atenea. Era la diosa de la sabiduría y de las artes. Atenea fue la protectora de la ciudad de Atenas y se le dedicó el famoso Partenón. En Roma adquirió un aspecto más bélico y fue asimismo la protectora de la ciudad eterna. Se la representa como una joven de sobria belleza, serena, de porte noble y dominante, casi desafiante. A diferencia de la mayoría de los dioses clásicos, algunos muy licenciosos, tuvo una conducta muy recatada.  Aparece con un casco sobre su cabeza, una lanza en la mano derecha y un escudo en la otra; un peto o  coraza de piel de cabra en el pecho y siempre acompañada de un búho (tecolote) que, por lo mismo, se considera un símbolo de la sabiduría.
 
¿Por qué fomentó don Manuel el culto a Minerva? No se sabe. ¿Por incomodar a los curas? ¿Por un renacimiento clásico? ¿Una mala copia del culto a la razón de Robespierre y sus revolucionarios? ¿Para vender al mundo la imagen de un país avanzado y culto? (En esos años aparecieron los carros y teléfonos, se establecieron la UFCO, IRCA, empresas eléctricas, Tropical Radio, etc.)  A saber. ¿Y la rica cultura maya?
    
Lo cierto es que desde el último domingo de octubre de cada año, terminadas las clases y las lluvias, se congregaba obligatoriamente la juventud estudiosa en la más importante celebración cívica oficial (más que la Independencia o el 30 de junio), que iniciaba con desayunos y luego un fastuoso desfile que concluía en el Hipódromo del Norte a la par del recién inaugurado mapa en relieve.
 
Congruente con todo culto se construyeron muchos templos a Minerva –estilo griego por supuesto–  de los que, cerca de 50, quedan pocos. Como quetzalteco mandó a construir en Xela el segundo más imponente, templo que actualmente luce su esplendor. El que había en la capital se mandó a dinamitar en tiempos de otro quetzalteco, Árbenz, porque era un “recuerdo de la tiranía”. Ejemplo nefasto de estulticia histórica.