El controvertido dirigente de Reporteros sin fronteras


Robert Menard, secretario general de Reportero Sin Fronteras, habla con la prensa a su llegada al aeropuerto Charles-de-Gaulle en Parí­s.

El dirigente y fundador de Reporteros sin fronteras Robert Ménard, reconocido por sus acciones por la libertad de la prensa y que el lunes manifestó en Grecia al encenderse la llama olí­mpica, es un personaje controvertido, cuyos detractores dicen actúa orientado polí­ticamente.


El lunes en Olimpia, Grecia, Ménard y otros dos militantes de RSF intentaron llegar a la tribuna oficial de la ceremonia de encendido de la llama de los Juegos Olí­mpicos de Pekí­n, cuando intervení­a el responsable chino del Comité de Organización de los Juegos (Bocog), Qi Liu.

Uno de ellos tuvo tiempo de desplegar una banderola con la leyenda «Boicot al paí­s que pisotea los derechos humanos». Otro gritó tras la tribuna oficial «Libertad, libertad».

Ménard, que fue detenido, se declaró dispuesto a seguir efectuando acciones del mismo tipo hasta el 8 de agosto, fecha de inauguración de las Olimpí­adas.

Esta manifestación del fundador de RSF está en la lí­nea de otras menos espectaculares, pero no con menor repercusión en los medios informativos.

En 2004, Ménard y RSF tuvieron una participación protagónica en la campaña de información y movilización para obtener la liberación de Christian Chesnet y Georges Malbrunot, dos periodistas franceses retenidos como rehenes durante cuatro meses en Irak.

Un año más tarde, nuevamente habrí­a de distinguirse actuando para conseguir la libertad de otra periodista francesa, Florence Aubenas, también rehén en Irak.

A fines del año pasado, Ménard estuvo actuando por la liberación de tres periodistas prisioneros en Chad, en el marco del caso de la asociación Arche de Zoé que trató de llevar ilegalmente a menores de este paí­s hacia Francia.

A mediados de los años 70, Ménard, que en un momento quiso ser sacerdote antes de convertirse en anarquista y luego trostkista, comenzó a militar contra el monopolio estatal de la radio y la televisión, a través de las llamadas entonces «radios libres».

Una vez derogado este monopolio por el gobierno del socialista Franí§ois Mitterrand, Ménard fundó Reporteros sin Fronteras, tomando como modelo la organización Médicos sin Fronteras.

La acción efectuada desde ese entonces en favor de la libertad de la prensa y la protección de los periodistas, le valió hace exactamente una semana y antes del incidente en Olimpia, el ser distinguido como Caballero de la Legión de Honor por el presidente francés Nicolas Sarkozy.

Sin embargo las acciones de Robert Ménard y RSF están lejos de generar aprobaciones unánimes y las crí­ticas en su contra apuntan entre otras a sus fuentes de finaciamento, que según sus detractores, determinan una cierta orientación polí­tica.

Aparte la venta de calendarios, fotos y las donaciones, RSF se financia mediante subvenciones como las del Fondo Nacional por la Democracia (NED en inglés), que a Ménard, no le provoca «ningún problema».

La NED es una organización creada en 1983 por el presidente estadounidense Ronald Reagan, que con fondos gubernamentales administrados privadamente, afirma ayudar a los grupos que estan a favor de la democracia en el continente americano, especí­ficamente en América Latina.

Con la premisa de este financiamiento, Ménard ha sido cuestionado por sus campañas dirigidas entre otras contra el gobierno venezolano y sus presuntos atentados contra la libertad de la prensa, así­ como su defensa de empresarios que participaron activamente en el abortado golpe de Estado de abril de 2002.

En su libro «Esos periodistas que quieren acallar», citado por el semanario francés Marianne, Robert Ménard explicaba la importancia de estar presentes en los medios, para lo cual decí­a: «necesitamos de la complicidad de los periodistas, del apoyo de los patrones de la prensa y del dinero del poder económico».