El cómputo electrónico de los votos


Una de las preocupaciones de los observadores electorales es la dificultad que hay para tener acceso a los programas de computadora que se utilizarán en la noche del 9 de septiembre para procesar los datos enviados por las juntas receptoras de votos y realizar el cómputo global que vaya dando a la población los resultados parciales y luego el total de la votación para elegir presidente, vicepresidente, diputados y miembros de las corporaciones edilicias de todo el paí­s. Y es que desafortunadamente se han visto muertos acarrear basura, aquí­ y en otras latitudes, y ello obliga a que se actúe con la mayor transparencia para evitar dudas y suspicacias que no sólo empañen el proceso, sino que puedan colocar a la patria en una situación muy difí­cil.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Se sabe que algunas entidades privadas están trabajando para realizar esfuerzos por su cuenta para lograr conteos rápidos que les permitan anticipar el resultado de la elección. Obviamente uno puede pensar que a lo mejor en esas entidades existen particulares intereses y no creo que haya nadie que pueda meter las manos al fuego para garantizar que el esfuerzo es absolutamente objetivo y sin segundas intenciones. Si los resultados del conteo rápido, por una u otra razón, discrepan de los resultados oficiales del Tribunal Supremo Electoral, aquí­ se armará la de San Quintí­n porque no estamos viviendo ahora un momento en el que se pueda afirmar que el TSE goza de la mayor credibilidad de su historia.

Por ello es que el Tribunal es el llamado a demostrar la transparencia de los programas de cómputo que utilizará, toda vez que existen razones de peso para pensar que alguien podrí­a manipular los resultados. Si hemos visto que hay un hacker que se entretiene alterando la página del Congreso de la República pese a las medidas de seguridad que se han implementado en ese sitio web, no podemos dejar de pensar en lo que significarí­a que algún malévolo genio informático pudiera hacer metiendo la mano para alterar el programa central del escrutinio. Y la única forma de saber si ello es o no posible es dando a los expertos la copia del programa que será utilizado para que se pueda certificar su nivel de confiabilidad.

En las elecciones, más que en cualquier otro aspecto de la vida polí­tica, no basta con actuar con honradez sino que además hay que aparentarlo de manera plena y absoluta porque ello es lo que da confianza a la población. Personalmente no pienso que una entidad privada tenga más confiabilidad que el Tribunal Supremo Electoral porque las ONG´s se distinguen cabalmente porque son medio de vida de sus directivos y, por lo tanto, responden a intereses económicos y ninguna de ellas puede considerarse como absolutamente fiable. Imagine el lector por un momento lo que podrí­a ocurrir si un grupo privado hace un conteo rápido y lo manipula para anticiparse a dar un resultado electoral amañado y luego el TSE resulta con un dato oficial y serio que no coincide con el que se adelantó por el conteo rápido. Obviamente la credibilidad del Tribunal quedarí­a en entredicho y la ciudadaní­a no sabrí­a a qué atenerse, sobre todo si no ha habido una plena garantí­a previa de que los programas son inviolables y que no hay mano de mono, como la rama de olivo que causó aquel famoso apagón. En otras palabras, habiendo antecedentes aun cuando el TSE gozaba de más credibilidad, ahora es preciso que se anticipen a blindar su prestigio mediante acciones que aseguren a la población que todo funcionará correctamente.