El compromiso en lo cotidiano


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La palabra ‘compromiso’ se refiere en el diccionario como una responsabilidad u obligación que se contrae. Es en sí un trato que se realiza entre dos o más personas. Deriva del término latino compromissum que se utiliza para describir una obligación consecuente ante una situación determinada o una palabra dada.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi


Un compromiso también puede ser una promesa o la afirmación de que se va a realizar algo determinado.  Por ejemplo, los políticos manifiestan su compromiso de ayudar a sus pueblos de manera pública. También suele referirse a la idea de que una persona se encuentra atravesando alguna dificultad, Ej. Esta persona se encuentra con serios compromisos económicos.

De manera general todos tenemos compromisos dentro de nuestro diario vivir. Porque un compromiso es la respuesta ante los requerimientos de la vida y ante todo de la vida en sociedad. Se expresa que una persona se encuentra comprometida con algo cuando cumple de manera responsable con aquello que le ha sido confiado o que ella misma se ha planteado. Es de señalar que ella es congruente en las acciones que genera en su vida con el fin de dar cumplimiento a sus obligaciones, las cuales se convierten en un pacto consigo misma.

Cada acción o evento en la existencia requiere de un compromiso personal.  Así sucede con la amistad, el matrimonio, la paternidad o maternidad,  la realización de un trabajo o de un proyecto específico, la confirmación misma de las personas que somos o quienes deseamos ser.  Llevando implícito nuestro sistema de creencias, valores, pensamientos,  conocimientos, reacciones y acciones,  habilidades, voluntad y afectos en cada acto de vida.  Lo que implica manifestaciones de congruencia e integridad y asumirnos con una actitud madura ante diferentes circunstancias posibles.

El conocimiento también es necesario para que exista compromiso, al saber muchas de las respuestas, al evaluar consecuencias y al escoger nuestra propia alternativa ante los diferentes acontecimientos. Pero también existe la posibilidad de que queramos vivir sin compromisos porque nos da miedo comprometernos, nos parece más cómodo tomar una actitud indiferente y no deseamos crecer como personas. Tal vez, deseamos una niñez eterna.

Cuando nos negamos a asumir comprometernos nos limitamos en el conocimiento de lo que somos capaces de realizar y de la vivencia de retos que nos asegurarían nuestro crecimiento personal.  También nos negamos a amar, a amarnos a nosotros mismas/os, a nuestras amistades, a nuestros compañeros de vida, a todo lo que es posible o tal vez juzguemos de imposible de llegar a amar.

Al negarnos a comprometernos en la existencia nos negamos a vivir sus riesgos, sus sinsabores, nuestra intimidad, a sentir con intensidad,  a cumplir deseos y sueños, a ser felices, a ejercer el derecho de equivocarnos y recomenzar una y otra vez. Creemos de manera posible que estamos defendiendo nuestra libertad.  Pero la verdad es contraria, ya que nos confinamos a la prisión de una niñez eterna.

La calma, la comodidad, la ausencia de riesgos ante la falta de compromisos nos proporciona un aburrimiento exhausto, que también nos genera estrés y nos inclina a enfermar. Y el abordaje de éste, a mi manera de ver, puede ser aún más difícil.

Se ha descrito que una de las principales causas del miedo al compromiso, es la falta de fe, ante todo en nosotras/os mismos, que también se traduce en una falta de fe en los demás y en nuestro sistema de creencias. Por lo que el trabajo en nuestra autoestima se hace valioso.